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Los grandes retos de la corte

Por: José Luis Solís Barragán

octubre 3, 2020 por Redacción

La división de poderes es un elemento esencial en cualquier Estado que pretenda llamarse democrático, es la garantía de establecer limites al poder mismo y por su puesto esto se traduce en certeza para los ciudadanos.

La división de funciones de la que escribió Montesquieu, parte del principio fundamental “primus inter pares”, es decir que los órganos deben estar en un plano de igualdad garantizando que ninguno de ellos se imponga sobre los demás.

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Podemos encontrar sistemas políticos en que la preponderancia de funciones radica en el Ejecutivo (presidencialista) o en el Legislativo (parlamentario), pero ello no implica la nulidad de la independencia de los demás órganos, ya que de suceder esto en los hechos, el sistema político se deforma y da paso al debilitamiento del propio sistema democrático.

Como se aprecia, no existe ningún sistema político en que la preponderancia recaiga sobre los tribunales; y ello solo es justificable si asumimos que los impartidores de justicia deben ser un órgano netamente técnico y no de corte político como los dos poderes tradicionales; por ello su función radica en ser el equilibrio en la balanza del Estado.

En México durante gran parte del siglo pasado, vivimos a la sombra de un régimen presidencialista, en el que el Presidente se imponía sobre los poderes Legislativo y Judicial; y si bien el PRI puede señalar que logró la estabilidad política que hizo falta en América Latina, no puede argumentar que lo hizo por los caminos de la democracia.

Ante esta complicada encrucijada, el Gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León, mediante un golpe de Estado legalmente armado, desapareció a la Suprema Corte de Justicia de la Nación e hizo resurgir un Poder Judicial a la altura de los nuevos aires democráticos que recorrían el país.

Desde aquel momento los Presidentes han pretendido influir en las decisiones de la Corte, ya que sin importar el color partidista con el que tiñe Palacio Nacional, la Corte han sabido hacer ese justo equilibrio para evitar crisis políticas o que algunos de los poderes rompa el sano equilibrio democrático.

Ejemplos podemos encontrar varios, el conflicto político derivado del Presupuesto de Egresos en que se enfrentaron los Diputados y el entonces Presidente Vicente Fox; la investigación realizada con motivo de la negligencia en la guardería ABC durante el calderonismo; y los conflictos de los órganos autónomos con la administración peñista; estos solo por mencionar algunos ejemplos.

Desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia, hemos visto los constantes ataques al Poder Judicial algunos infundados, otros con cierta veracidad y todos con el ánimo de debitar a la Suprema Corte.

Estas embestidas han tenido sus efectos y solo por poner un dato sobre la mesa podemos remitirnos a la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental del INEGI, ya que en dos años (2017-2019), es considerablemente mayor el número de mexicanos que perciben corrupción por parte de jueces y magistrados, ya que en el 2017 eran la novena institución más corrupta y en el 2019 ya se encuentran en la posición número 7.

Así, en este contexto en este año 2020, la Suprema Corte de Justicia de la Nación debe enfrentar la crisis que le genera la determinación sobre la constitucionalidad de la consulta sobre el juicio a los expresidentes, pero también esta en sus manos la decisión de la controversia constitucional que promovió la ex Presidenta de la Cámara de Diputados con motivo de un Decreto que establece que las Fuerzas Armadas hagan funciones de seguridad.

Ambos temas, merecen un análisis constitucional profundo y que podrá enriquecer el sistema de pesos y contrapesos, o pueden debilitar a tal grado a la Corte, que el único poder que a podido hacer frente al presidente quede supeditado porque la intervención ya es mayúscula.

La Corte vive un sexenio complejo y la figura tan poderosa del Presidente puede terminar por romper el equilibrio que hasta ahora han logrado mantener y este está por convertirse en el mayor reto de la SCJN, el defender su libertad e independencia o dejarse vencer por la tribuna mañanera que no dejará de golpear por pensar diferente al Presidente.

José Luis Solís Barragán

@josesolisb

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