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La crisis de la democracia

La democracia según Churchill es: “el peor sistema de Gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”; y ello dado la complejidad que implica un sistema político en el que la mayoría decide, pero no se gobierna para las mayorías, sino para toda la población.

En la historia política del mundo, las democracias se fueron imponiendo en la mayoría de los regímenes de los países, los sistemas dictatoriales paulatinamente se han ido reduciendo y en la mayoría de los países solo quedó el recuerdo de las dictaduras.

La democracia por años fue vista como un modelo ideal dentro de las sociedades, pero en los últimos años hemos sido testigos de como hemos transitado hacia decisiones colectivas que abandonan toda lógica racional; es decir que el pueblo no siempre toma las decisiones más adecuadas, ello debido a no tener toda la información necesaria para decidir entre varias opciones.

A esta situación, resulta pertinente que adicionemos que los hechos ocurridos en Estados Unidos, mismo que se han vivido en algunas naciones de América Latina y que potencialmente podrían suceder en nuestro país, y ello tiene que ver directamente con la polarización en la que se desenvuelven las instituciones políticas.

Estados Unidos por décadas fue considerado un ejemplo de sistema democrático, sus constituyentes habían diseñado un ecosistema político propicio en el que las instituciones habían sido suficientes para contener y controlar al poder; el sistema de pesos y contrapesos era funcional, sumado a su sistema federalista, el país se desarrollaba con instituciones sólidas; pero ahora sus surge la duda si realmente sus instituciones serán tan solidad para sortear la turbulencia que están viviendo.

La crisis de legitimidad política de las instituciones generó movimientos importantes, tales como las movilizaciones sociales en Chile, siendo este el paraíso del neoliberalismo; el movimiento antisistema de Macron en Francia o de Trump en EUA y por supuesto el movimiento sui generis de López Obrador en México.

Si bien en algunos de estos ejemplos, no vemos un grado de polarización alarmante, es claro que en otros de estos mismos, este fenómeno empieza a ser o está siendo incontenible, situación que debe ser considerada preocupante, porque se encuentra latente la posibilidad de que las instituciones se encuentren imposibilitadas para contener al poder mismo o incluso el descontento de la sociedad.

No es posible afirmar que el discurso dado desde el pulpito presidencial es el único factor de polarización, ya que es claro que este fenómeno no tiene 2 o 4 años según sea el caso; sino que fue una situación que se gestó a lo largo de los años, y que solo necesitaba una chospa en el lugar corrector, para poder generar el incendio que pusiera en jaque al Estado mismo.

Los hechos ocurridos en la sede del Capitolio la semana pasada, nos obligan a reflexionar en la necesidad de la protección de las instituciones democráticas, a demandar que las figuras presidenciales y las opositoras no se dejen arrastra por la ola polarizadora, ya que ello solo genera un ambiente propicio para que, desde el poder, crezca “la necesidad” de centralizar y consolidar más su fuerza.

Estados Unidos está pagando la factura de haber colocado en la Presidencia a una persona como Donald Trump, y este pago aún no se acerca al finiquito del adeudo, sino que por el contrario empieza a ser el primer abono de una polarización creciente que se va a dar sobre todo al inicio de la nueva administración.

México hoy tiene la oportunidad de aprender de quienes sostenían tener una democracia sólida, sobre todo considerando que en nuestro país las instituciones democráticas siguen siendo incipientes y que tienen en muchos casos pocos años de creación, pero que habían demostrado lograr convertirse en el freno necesario para terminar con: “la presidencia imperial”.

La historia de fortalecimiento o retroceso de la democracia en nuestro país, apenas esta por comenzar, es un momento para que la oposición reconstruya sus espacios y sus discursos para ser un contrapeso efectivo, sin caer en la necedad de la polarización; pero también para que desde Palacio Nacional se genere un discurso armónico que muestre la voluntad de gobernar para todos y no solo para quienes están dispuestos a aplaudirles.

La democracia es más valorada cuando se pierde; pero lo más alarmante de los sistemas políticos antidemocráticos, es que desde hace años no necesitan nacer de un golpe de Estado, sino que se gestan desde las urnas electorales y logran hacer que la sociedad crea que viven en democracia, cuando en realidad viven en una simulación.

¿En que país queremos vivir para los próximos años? Es ahí la cuestión que hoy por hoy debemos resolver los mexicanos.

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