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¿Adiós a la democracia?

* Carlos Pérez García

Gane o pierda Claudia Sheinbaum (López Obrador) se nos seguirá complicando la vida a los mexicanos. Hacia eso nos lleva este gobierno en la inminente elección.

Al no aceptar una derrota (nunca lo ha hecho) se caería en una grave inestabilidad política, pero igual una victoria de su candidata seguiría enredando las perspectivas de un país tan polarizado y con tantos agraviados tras un desenfreno de fallas, absurdos y engaños obscenos. La economía y la inseguridad serán tareas muy difíciles para quienquiera que gane, y la opción de continuidad anuncia ya cambios en la Constitución a fin de diluir equilibrios democráticos.

¿Qué se puede esperar de un personaje tan falsario, taimado e incluso demencial? Ante los arrebatos de este asustado aspirante a dictador, el mundo observa y creo que no nos dejará solos. Pero la defensa de nuestro futuro democrático la tendremos que librar principalmente nosotros.

Luego de votar mañana, vienen días cruciales: el lunes 3 y, claro, el martes 1 de octubre, como comienzos del complicado período postelectoral y del inicio de un sexenio que, aun si no hubiera caos político, va a ser muy espinoso para quienes asuman el poder.

El presidente desatendió su gobierno por pensar demasiado en la próxima elección, en vez de preocuparse por una próxima generación. Resulta lamentable su desempeño en casi todos los frentes, con una caída del nivel general de vida que resienten cada día más mexicanos.

Hacia el final de las campañas se acentuó la prepotencia de la candidata oficial, mientras que del otro lado se mantuvo cierta ingenuidad al poner por delante “un buen corazón”. En política, ojo, los más mañosos suelen aventajar… y hay que enfrentarlos con mañas.

¿Qué tanto se agrandó el derrotismo de algunos por el abuso de poder del presidente a favor de su candidata o la desmedida propaganda mediante encuestas (sólo intenciones expresadas) como pronósticos en contra de Xóchitl Gálvez? Es muy relevante el voto oculto por temor o desconfianza, que está detrás del rechazo a contestar preguntas de encuestadores.

Se percibe una disyuntiva de cambio con esperanza, o continuidad de un naufragio histórico. Miren, podemos corroborar que las experiencias de populismo autoritario nunca han acabado bien en ningún país. Y, frente a la brutal demagogia electorera, eso deberían tenerlo en mente muchos votantes.

Igual, se desborda la desesperación oficial ante la amenaza de derrota por el predominio de una candidata ciudadana en el polo opuesto. Al mandatario no le habría alcanzado con la polarización ni los intentos de desmoralizar a una crecida oposición y, aparte de medidas extremas (anulación, estado de excepción, autogolpe de Estado), sólo le quedaría el control del INE y el Tribunal Electoral.

A su vez, el fraude de AMLO ya estaría prácticamente consumado y, si fuera suficiente para su triunfo, la oposición podría rechazar los resultados con muchas más razones y pruebas (públicas) que en los alegatos de él en 2006. Aún no hemos visto lo peor de Morena y López Obrador, advierte un senador, pero remata que ¡ellos tampoco han visto lo mejor de la ciudadanía! que en unas horas saldrá a votar. Tenemos que estar muy atentos, muy activos.

No hay de otra, oigan. El voto opositor tendría que ser masivo, aunque lograrlo no sea nada fácil. Se requiere reproducir en las urnas el entusiasmo de tantos que han colmado los eventos de campaña y las marchas ciudadanas. Recordemos que los de enfrente se valdrán más de acarreo, compra de votos y operación política.

¡Vamos todos a votar! Cada uno por quien quiera… Sólo informémonos y pensémosle un poco. Ya no se trata de una encuesta o un sondeo de opinión: el voto es secreto y puede ser muy útil, pero tampoco conviene darle carro completo a nadie, pues los contrapesos son esenciales.

No es fácil vencer inercias que llevan años “trabajándolas” (como la propaganda con repartos de dinero), pero en una democracia imperfecta habría que aceptar un resultado razonablemente cierto: desde un lado o de otro… gane quien gane.

En fin, atrevámonos a ir tras lo mejor. Si votamos y defendemos el voto, no será esta nuestra última elección libre.

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