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Todo sigue

* Por Carlos Pérez García

La primera ocasión se desconcentró en cierta medida a partir del golpeteo en torno a su hijo unos días antes, pero fue posible evidenciar la fría capacidad de su contendiente para mentir y evadir respuestas. También la afectó haber recibido demasiados consejos muy distintos sobre cómo actuar e incluso cómo vestirse y maquillarse.

Todo ello la distrajo y se vio un poco nerviosa, lo que contribuyó a que algunos vieran a su adversaria como “ganadora” de ese debate, aunque luego se confirmó que ésta si acaso mostró aplomo para mentir y artimañas para no responder ni debatir con seriedad y honestidad.

Ya para este último domingo, en la segunda oportunidad, Xóchitl Gálvez fue ella misma y se vio mucho más desenvuelta… con agresividad frente a las agresiones o desafíos, y más desalmada para contestar en una estrategia más cerebral que compasiva ante una candidata encorsetada por su poderoso promotor y muy vulnerable a cuestionamientos documentados sobre su persona o la lamentable gestión de la denominada 4T, tanto en el país como en la ciudad de México.

Se menciona así la posibilidad de que la candidata oficial no asista al tercer debate el 19 de mayo, en el que se tratarán temas tan complicados como inseguridad y crimen organizado, democracia y división de poderes… Esto podrá depender de una evaluación de su equipo en cuanto a “si pierde menos puntos por default o por nocaut”.

Está claro, eso sí, que la narrativa oficial de propaganda y mentiras se va estrellando contra la inapelable realidad. Si la oposición consigue exhibirla con eficacia, una candidatura sin credibilidad por las constantes mentiras se debilita y se vuelve más vulnerable.

Claudia Sheinbaum trata de refugiarse en “otros datos” como su irreproducible mentor, e incluso acusa de “corrupta” a su adversaria (que nada tiene de eso), en forma similar al ladrón que, cuando lo sorprenden, grita “al ladrón, persigan al ladrón”.

En fin, al cerrarse los resultados de las encuestas se puede advertir un signo alentador para la preservación de la democracia y la República. A su vez, se van confirmando casi todas las previsiones que algunos hemos delineado en varios espacios, pero quienes encaran a este taimado régimen autoritario no deberían festejar tanto, ya que quedan graves riesgos y aún habrá mucho qué hacer a sólo cuatro semanas del 2 de junio, al igual que en el decisivo período postelectoral.

El presidente dijo hace un par de meses que “lo mejor es lo peor que se va a poner”, algo que abre diversas posibilidades cuando se le complican las cosas a un gobierno obsesionado por mantenerse en el poder. No estaría tan lejana la perspectiva de que, con el apoyo del Congreso que domina, el mandatario pudiera declarar un estado de excepción ante un caso de “perturbación grave de la paz pública, o cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto”.

Esto sería por tiempo limitado de acuerdo con el artículo 29 de la Constitución, ya sea antes o después de la elección según lo pueda valorar el grupo en el poder y su partido. Se buscaría “restringir o suspender el ejercicio de los derechos y las garantías que fuesen obstáculo para hacer frente rápida y fácilmente a la situación” de caos que se habría generado.

Destaca un momentum del lado de la oposición al gobierno continuista, el cual va cobrando un impulso creciente y, en la medida que se aproveche, podrá llevar al régimen a acciones desesperadas y temerarias de alcances antidemocráticos. No se irán con facilidad quienes están hoy en el poder, ya que a algunos de ellos eso les significaría enfrentar a la justicia o incluso volver a la cloaca de la que nunca debieron haber salido.

En una contienda democrática no podrán ganar la Candidata de las Mentiras ni su jefe y maestro, el Gran Mentiroso. Con Xóchitl la mayoría de los mexicanos deberá vencer a la mentira, la corrupción, la indignidad, la ineptitud y la complicidad delincuencial.

Ante las constantes falsedades para esconder graves fallas y tenebrosas pretensiones, cada ciudadano consciente de ello debe hacer un gran esfuerzo a fin de convencer a otros de que estén muy atentos y participen en la elección.

¡Hay que salir a votar… Abstenerse es suicida!

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