
Andamos por la vida esperanzados en que la vacuna contra Covid-19 llegue a México pero seguimos por la vida sin las medidas de sanidad básicas, esenciales; aquellas que debimos aprender de generación en generación. No hay vacuna en este momento y quizá pase más de un año para contar con una que nos inmunice contra el virus Sars-CoV-2. Después, cuando esta llegue se perderá irremediablemente entre las demás vacunas que forman parte de la batería del Programa Nacional de Vacunación Universal.
¿Hace cuánto que no ves si le falta alguna vacuna importante a tu hijo?; no es por joder, es que no ganan los improperios y los debates inútiles del día y olvidamos lo verdaderamente esencial, eso que usualmente duerme bajo nuestro mismo techo.
La llegada de la vacuna contra el Covid-19 será una celebración de fin de año, (furor, alegría, llegada a la tierra prometida), después toda la euforia se irá y las vacunas fenecerán en las cámaras de refrigeración. Un ciclo más viral cumplido hasta que la ciencia descubra un nuevo coronavirus en 10 años y el festín epidémico nos lleve a una nueva vacuna intradérmica, nasal, ótica, mediante liberación de dosis en un chip, qué se yo.
Pongo un ejemplo tácito: se compran cerca de 30 millones de dosis de vacuna contra influenza en México y solo de un 70 a 80% del público meta se la aplica. El resto, para no perderse, tiene que aplicarse a la población abierta. Ya no hablemos de los demás mexicanos que ni siquiera hicieron lo mínimo por enterarse.
Abonamos todos los días en la discusión de las vacunas, las cuales solo llenarán de bolsas de dinero a las grandes farmacéuticas -que no son ninguna dama de la caridad por cierto-, sino son los más voraces capitales que consumen el mundo. Ellos dirán que invierten en investigación, desarrollo tecnológico y ciencia, que se merecen lucrar con la salud del mundo. Claro está y si hacen mancuerna con Trump, Putin y Jinping, pues que nos agarren confesados porque una vacuna será la nueva arma química que fijará el centro del poderío macroeconómico y la nueva geopolítica mundial.
¿Por qué nos es tan difícil asumir medidas de limpieza básicas como vacuna perenne contra cualquier enfermedad?
Nuestros abuelos eran viejos sabios y nos mandaban a lavar las manos antes de cada comida y después de tocar algo, a lavar los dientes al despertase y posterior a comer. Entonces, no entiendo que estemos esperanzados en que la ciencia resuelva lo que básicamente casi siempre ha estado entre nuestras manos, lo digo para quienes vivimos en tiempos modernos que tenemos casi todo. Antes, se entiende la extensión de las grandes epidemias por la falta de infraestructura de sanidad.
Hasta este momento no hay vacuna contra el virus SARS-CoV-2, pero creo mucho más importante que exista una vacuna contra nuestra ignorancia y estupidez, ésas que asumimos en todo momento al no hacer lo que está en nuestras manos, andamos por la vida con cubre bocas pero nuestras manos manosean todo lo demás y después nos acomodamos el cubrebocas, revisamos el celular y agarramos el volante o tocamos al hijo, pensamos que el cubrebocas nos protegerá como una vacuna.
La salud es una moda y el virus superará nuestra estupidez, eso démoslo por hecho.