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Pensar la salud global de manera diferente

Por Claudia Corichi

abril 17, 2020 por Redacción

A nivel mundial, la industria farmacéutica es un oligopolio y, como en todo espacio en el que pocos productores cubren gran parte del mercado, las empresas obtienen beneficios extraordinarios a costa de los consumidores quienes pagan precios más elevados de los que pagarían si hubiera más proveedores participando en la industria u otro tipo de reglas. De acuerdo con AIMFA (un hub de compañías farmacéuticas radicadas en España) sólo 10 compañías farmacéuticas trasnacionales acaparan aproximadamente el 40% del mercado total de esa industria a nivel mundial, valuado para 2020 en 1.43 billones de dólares.

Según el índice PharmExec 2019, las ventas de las 10 empresas más importantes de la industria farmacéutica mundial ascendieron a 351,546 millones de dólares, siendo Pfizer, por cuarto año consecutivo, la que ocupa el primer lugar con ventas de 45,302 millones de dólares.

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Es ingenuo pensar que, ante la emergencia de la pandemia causada por este coronavirus, las farmacéuticas trasnacionales dedicarán sus esfuerzos de conseguir una vacuna, para ponerla a la venta a un precio accesible para todo el mundo. El lucro es su principal objetivo por lo que no les interesa dejar a su suerte a la población vulnerable de los países más pobres en África, Asia y América Latina.

Los Institutos de Salud de todo el mundo reciben escaso financiamiento a pesar de las advertencias que significaron el SARS y el MERS —dos clases de coronavirus—. Los programas de vacunas fueron abandonados perdiéndose la oportunidad de contar con un antecedente de vacuna contra el COVID19, virus que es 80% similar a sus antecesores en términos genéticos.

Hoy es necesaria una política global de salud, dirigida por la OMS, que coordine los esfuerzos públicos y privados para financiar investigaciones científicas, cuyos resultados estén a disposición de todas las naciones, ricas y pobres, y no del sector privado.

Es tiempo de concebir la salud de manera diferente, pensarla como un derecho humano universal, y considerar la inversión en ciencia y tecnología como un asunto prioritario, incluso de seguridad nacional y global.

La ciencia y la tecnología, en conexión con la salud y la educación, serán fundamentales para que los países puedan enfrentar con menores costos crisis de salud —actuales y futuras—. Además de la indispensable solidaridad global y responsabilidad hacia los más desprotegidos, esta pandemia nos ha empujado a concebir de manera diferente nuestras prioridades en lo personal y lo público.

#COVID19

#CrisisCoronavirus

#Salud

@ClauCorichi

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