El cierre de 2025 ha dejado un escenario complejo para la salud pública en México debido al repunte de enfermedades que se consideraban controladas. El foco principal de atención es el sarampión, que ya suma 6,050 casos confirmados y 24 defunciones en el país, afectando principalmente al estado de Chihuahua.
Esta situación es crítica, ya que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió que México podría perder su estatus de zona libre de esta enfermedad en 2026 si los contagios no se frenan durante el próximo mes de enero, lo que ha obligado a las autoridades a intensificar cercos vacunales en regiones como Chiapas y la Ciudad de México.
A la crisis del sarampión se suma un incremento alarmante en los casos de tosferina, que alcanzó los 1,271 contagios confirmados hasta agosto, una cifra significativamente superior a los 223 casos reportados en todo 2024.
Las autoridades han reportado cerca de 80 defunciones por esta causa, afectando principalmente a menores de un año que no contaban con su esquema de vacunación. Paralelamente, la viruela símica (mpox) ha mostrado un avance considerable con 751 casos registrados, casi siete veces más que el año anterior, concentrándose la mayoría de los contagios en la capital del país.
En contraste, el gobierno mexicano ha enviado un mensaje de calma respecto a la variante de influenza A H3N2 subclado K, bautizada internacionalmente como “supergripa”. Aunque esta variante causó saturación hospitalaria en Reino Unido y Estados Unidos, en México solo se ha detectado un caso.
