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¡Mejor lo arrastré pa’allá!

Por Ramón Durón Ruíz (†) “El Filósofo de Güémez”

julio 23, 2019 por Redacción

Hay personajes maravillosos que son parte del patrimonio intangible regional de nuestros pueblos, que con su bonhomía, ingenio, amabilidad y espléndido sentido del humor enriquecen el rico caleidoscopio cultural de la nación, héroes del diario acontecer, que saben cautivar porque viven sin términos medios… gozan la vida a plenitud.

Cuenta el prestigiado oncólogo veracruzano Antonio Libreros, que tal es el caso de Don Isaac Acosta, un personajazo de Naolinco de Victoria, Veracruz que acostumbraba a usar pantalones de tres pliegues con tirantes, acompañados de una impecable camisa blanca. Avecinado en Xalapa desde hace muchos ayeres, atendía cortésmente a la clientela de la papelería “América”, ubicada en la calle de Rafael Lucio.

Acariciando al niño interior que todos llevamos dentro, mandó a hacer en la azotea de su casa las figuras de Cri- Cri el grillito cantor, entre otras más y su azotea lucía como una auténtica Disneylandia particular.

Fue un hombre enamorado de la vida y de su esposa, quien se vio afectada por un infarto, Don Isaac en su desesperación por ayudar a la compañera de su vida, se infartó y lamentablemente murió. Y digo lamentablemente, porque personajes como él debieran durarnos más tiempo para sembrar amor y alegría a lo largo del camino, en un mundo en donde el común denominador es el desaliento y la violencia.

Una de tantas historias de éste distinguido personaje veracruzano, es: “la ocasión en la que Don Isaac llegó a la Ciudad de México y caminando por las calles del centro encontró un caballo muerto, tirado a la mitad del arroyo vehicular y exclamó: −−¡Ah fregado!, este caballo va a ocasionar un accidente, se me hace que mejor le hablo a policía para que venga y lo quite.

Efectivamente marcó: “Ringgg, ringggg” −−¿Bueno? 066 −contestan amablemente− ¿en qué podemos servirle? −−Mire muchacho, habla Don Isaac Acosta. −−¿De dónde nos habla, de donde es usted Don Isaac?

−−Yo soy de Naolinco Veracruz. −−Muy bien y ¿dónde queda Naolinco? −−¡Ah ‘abrón!, ¿qué no conoce de geografía?… Pues arribita de Xalapa. −−Y ¿cuál es el motivo de su llamada Don Isaac? −−Mira muchacho, venía yo caminando por la rechingada calle y que me encuentro un caballo muerto… ¿Por qué no lo vienen a quitar? −−Sí como no Don Isaac, sí lo vamos a quitar, nada más dígame ¿en qué calle está el caballo muerto?

−−¡Ah ‘abrón!, no me lo vas a creer pero no me di cuenta, voy a ver y ahorita te vuelvo a hablar.

Don Isaac va a asomarse a la esquina, lee y dice: −−¡Ah ‘abrón!, creo que esta es la esquina de Mejoral con Coca cola, ¡ah no!, no, ahí dice “Revillagigedo”, Revillagigedo, Revillagigedo, Revillagigedo. Ahorita le hablo.

−− “Ring ringggg.” −−¿Bueno?, 066 a sus órdenes. −−Mire muchacho, habla Don Isaac Acosta.

−−¡De Naolinco, Veracruz! −−¡Ah ‘abrón!, ¿qué, tú me conoces?, ¿de quién eres hijo? ¿A qué familia perteneces? −−No, no Don Isaac, lo que pasa es que usted ya habló hace rato para avisarnos de un caballo muerto, ¿en qué calle está el caballo? −−¡Ah ‘abrón!, ya se me olvidó, ¡para qué me haces plática!, pero mira, voy a ver y te vuelvo a hablar.

Vuelve Don Isaac a fijarse en la esquina y repite: −−Calle Revillagigedo, que puto nombre, Revillagigedo.

−− “Ringgg ringggg.” −−¿Bueno?, 066 a sus órdenes. −−Mira muchacho.

−−A ver don Isaac, ¿en qué calle está el caballo? −−Es un puto nombre redifícil, empieza con “re” y termina en “edo”, voy a ver bien y te vuelvo a hablar.

Un compañero del operador le pregunta: −−¿Qué pasa? −−Nada, que es un viejito que reporta un caballo muerto, que está en una calle del centro que su nombre empieza con “re” y acaba en “edo”.

−−Pues ¡Revillagigedo! Ya no le hagas plática, la próxima vez que hable nada más asevérale que el caballo muerto está en la calle de Revillagigedo, y manda una grúa a que lo recoja… ¡y se acabó!  −−Tienes razón vamos, a esperar a que hable.

Pasadas dos horas, vuelve a sonar el teléfono “Ringgg, ringggg.” −−¿Bueno?, 066 a sus órdenes.

−−Habla Isaac Acosta.

−−Permítame Don Isaac, verdad que el caballo muerto está en la calle de Revillagigedo.

−−No, no, no, ¡está en la de Juárez!

−−¿Y ahora, por qué hasta allá?

−−¡Ay ‘abrón! como el puto nombre es redifícil… ¡MEJOR LO ARRASTRÉ PA’ ALLÁ!”

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