
Los videojuegos se han convertido en una de las principales formas de entretenimiento a nivel mundial, alcanzando un papel similar al cine y la literatura dentro de la cultura contemporánea. Su crecimiento en ingresos y audiencia los coloca como la industria de ocio más fuerte.
Más allá del entretenimiento, los videojuegos narrativos han sido reconocidos como auténticas obras artísticas gracias a su capacidad de contar historias complejas, combinando música, guion, animación y diseño visual.
Diversos estudios han demostrado que los videojuegos favorecen el desarrollo de habilidades como la concentración, la toma de decisiones y la creatividad. Incluso, algunos se utilizan con fines educativos y terapéuticos.
La aceptación social de los videojuegos como manifestación cultural sigue en aumento, y cada vez más instituciones los incluyen en exposiciones y festivales, legitimando su valor artístico y social.