Columnas

Lo que vino…

Por Carlos Pérez García

Como símbolo de la degradación política que campea en nuestro país, lo que se da también en varios estados, este miércoles el secretario de Gobernación trataba de comprar legisladores de la oposición en un hotel cercano al Senado de la República. Su arsenal —se relata— estaba integrado por dinero, expedientes de investigaciones (serias o no), promesas de puestos y candidaturas, y diversas amenazas abiertas o veladas.

El fracaso de esa intentona de obtener votos (capturaron un senador y necesitaban más), junto con el naufragio de su “plan de paz” para el conflicto Rusia-Ucrania, trajeron el ya usual pero increíble ambiente de triunfalismo. Sin embargo, no aprenden al no reconocer errores elementales.

Y, ojo, con la salida desesperada en esos temas, vendrá la llamada reforma electoral que busca someter la democracia mexicana y controlar al INE y el Tribunal Electoral hacia los comicios de 2023-24. Ya veremos cómo reacciona la Sociedad Civil.

Viene ahora el invierno de nuestro descontento, tanto en el país como a nivel mundial (según la ONU) aunque hay acá factores que lo agravan. La frase (The winter of our discontent) es de la obra de teatro Ricardo III de Shakespeare y se popularizó en el clímax de la crisis económica y social (agosto 1978-abril 1979) que llevó al triunfo de Margaret Thatcher en Gran Bretaña, para ser primera ministra por once años.

* DE LA MUERTE EN el Reino Unido de su monarca durante 7 décadas, no quiero dejar de hacer unos comentarios. Aunque de estudiante viví un par de años allá, en lo personal nunca busqué acercarme a la realeza pero sí participé en marchas de los partidos Laborista y Comunista en contra del golpe de Estado de Pinochet y la CIA estadounidense, que derrocó al presidente de Chile, Salvador Allende, quien había sido elegido en forma democrática. Igual, en distintas protestas estudiantiles contra Thatcher, la autoritaria ministra de Educación.

No me cuento entre quienes ven a la Monarquía como una expresión de la clase ociosa, que se reduce a atracción turística y condimento de las revistas del corazón. En esa auténtica democracia cumple un papel de continuidad, unidad y estabilidad ante los vaivenes políticos, partidistas e internacionales. A partir de algunos libros o series históricas he apreciado esto en casos como los de los ministros Disraeli y Gladstone con Victoria Regina (1837-1901), y de Churchill, Harold Wilson, la revaluada Thatcher o Tony Blair con Isabel II (1952-2022). Vinculados a la reina dentro de ese sistema, fallaron y cumplieron diversos Liberales, Conservadores (Tories) o Laboristas.

Miren, ha habido circunstancias imperiales, de guerras o problemas económicos, de modernización y liderazgos que ya hubiéramos querido en México aun con sus chismes y frivolidades, creo yo. Mucho se aprende de esos países, aunque haya diferencias significativas entre sociedades o sistemas políticos.

El esplendor de los funerales les genera ánimo y seguridad, lo cual se suma al orden y la organización de actos ante un dolor generalizado. Todo eso habla bien de su reinado a pesar de los escándalos familiares o del error del Brexit contra la corriente, lo que puede renovar la confianza hacia el futuro.

* TEMBLORES ME HAN TOCADO muchos, entre ellos los mayores de estas décadas en la ciudad de México sin contar el del Ángel (1957), pero creo que nunca voy a acostumbrarme a eso ni dejaré de espantarme. De entrada, recurro a mis sismógrafos (llamados candiles) y he adquirido cierta pericia para desalojar casas, edificios, restaurantes o inclusive cines (ya no regreso a terminar la película).

Precisamente este 19 de septiembre se registró un tercer temblor importante en los últimos 37 años (los anteriores: 1985 y 2017), de tal manera que la extrañeza se volvió incredulidad y han dicho que hasta podría predecirse o incluso ser “una maldición”. Yo me sumo a los científicos y especialistas que las consideran coincidencias sin otra explicación.

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