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Infamia judicial; 50 años de cárcel por un delito que no cometió

Tras casi cinco años de prisión, Juana Lilia refiere que los cargos le fueron fabricados

Una joven mujer, interna en el presidio de La Pila, fue sentenciada a 50 años de cárcel por un secuestro en el cual, asegura, no participó, sin embargo, por una mala jugada del destino, le tocó estar en el lugar y en el momento equivocado como para que la relacionaran con un delito que podría marcar el resto de su vida.

El relato lo inicia así la interna Lilia:

El día 26 se septiembre yo me encontraba en mi casa. Alrededor de 10 hombres armados entraron. Me gritaron ¡tírate al suelo! Yo hice caso. Me levantaron de los cabellos diciendo; ¿Dónde está el dinero? Yo les dije “en la mesa”. Eran 200 pesos que tenía para la comida y las tortillas del día, Me siguieron pegando, porque para ellos era una burla lo que contesté.

Me jalaba, uno y otro y me dijeron. “Di la verdad y aquí te dejamos”. Yo les dije cuál verdad y me dijeron no te hagas pendeja. Yo les decía; no me peguen, qué quieren. Me dijeron ¿Dónde está el dinero del tortillero? Les dije ¿Cuál, de qué me hablan? Después me sacaron.

Cuando me subieron al vehículo ya tenían a mi hermano y mi sobrino y fue entonces que pregunté; que pasa y dijeron: Ya valieron madre los vamos a matar, van a ver lo es bueno. Nos subieron atrás de una camioneta blanca y cada uno de los hombres nos puso un pie en la cabeza. Nos dieron muchas vueltas y llegamos a un estacionamiento oscuro. Nos bajaron, nos subieron por unas escaleras ya cuando estábamos ahí nos siguieron pegando hasta que se cansaron.

Al pasar las horas me dejaron sola con un señor que me dijo, que qué andaba haciendo ahí, yo le digo “Pues soy de aquí, de San Luis Potosí”. Él me respondió: Ya sé que eres hondureña, no mientas, le dije no hecho mentiras, se lo juro soy mexicana.

Enseguida llegaron los otros hombres con varias cosas. Ya habían pasado más horas, no sé cuántas. Uno de ellos se arrimó y me dijo; a ver mídete este anillo. Le dije “no es mío” y dijo “no te estoy preguntando, sólo póntelo”. Acepté, me lo puse, pero no me quedó. Me dio una pulsera para que me la pusiera, se me cayó y me ordenó el sujeto: Recógela, hija de tu puta madre. Cuando me agaché a recogerla, me levantó de una patada. El señor y recogió la pulsera y me la puso a fuerzas.

“Les pedí permiso para ir al baño, pero me negaron. Cinco veces hice la misma petición y recibí la misma respuesta, Hasta que me vieron que me revolcaba en una silla me dijeron. ¿Qué tienes, andas de culera y ya estás chillando? Les dijo que soy diabética, pero me dijeron ¡Muérete!

Ya muy noche, nos sacaron por el mismo estacionamiento, en un carro nos llevaron a donde dan las cartas de no antecedentes penales a que nos checara un doctor y nos volvieron a regresar al día siguiente, que ya era 27, nos llevaron por un túnel a unas oficinas. Ahí había secretarias y policías. Nos leyeron unas hojas. Era el reporte de los “investigadores”.

El reporte decía que nos habían detenido en la avenida Ricardo Gallardo, en un carro con reporte de robo, que iban a exceso de velocidad y por sospechosos nos detuvieron. Ahí les dijeron debíamos cumplir 72 horas, para dejarlos en libertad, pero todo eso fue mentira, pues cuando supuestamente salíamos en libertad, fui separada del grupo por un muchacho y una muchacha.

¿Lilia N… N…? Preguntó alguien y yo respondí: Sí, soy yo. “Pásele para acá, tiene una orden de aprehensión por secuestro” me dijeron.

“Eso no me lo dijeron, eso no es verdad” les dije. “No te hagas güey, vas a ser trasladada al penal de La Pila. Al día siguiente me checó una doctora y me dijo que traía descompensación, que estaba mal, me canalizó y me puso medicamento, por lo del azúcar no podía ni ir a la audiencia.

Mal, como estaba, con todo y suero, me hicieron ir. Había bastante gente, ahí fue la primera vez que vi un juzgado. Había muchas personas que no conocía y mi hermano. La jueza nos leyó una declaración y por qué estábamos ahí. Pidió una prueba de golpes, que nunca se nos hizo. Yo no tenía ni para pagar un licenciado particular, siempre me representó uno de oficio, uno y otro porque me infundían miedo. Sin pruebas y sin testigos, me sentenciaron, mis únicos testigos son mi pareja, mi hija Reina y mi hijo menor.

Lilia refiere que, durante el proceso, los abogados de oficio agilizaron el juicio y, lejos de ayudarla, permitieron que la sentenciaran a 50 años por secuestro agravado. El veredicto llegó al año y cinco meses de estar en el CERESO. A la fecha, suman cuatro años y seis meses como interna de La Pila acusada de un delito que, insiste, no cometió y por el que, lamentablemente, está pagando una terrible condena.

Seguiremos informando.

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