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Elucubraciones: Los médicos también tienen miedo

Por El Gato Filósofo

Los médicos de la Clínica 14 del IMSS, mejor conocida como el Seguro Ixtlero y ubicada en el municipio de Matehuala, ya no aguantan más. No es sólo el cansancio acumulado ni la sobrecarga de trabajo, es el miedo. Están asustados, enojados y hartos. Después del intento de secuestro de uno de sus compañeros, los médicos decidieron declararse en paro y suspender consultas, especialmente en el área de medicina familiar, donde aseguran que los criminales se les meten hasta los consultorios.

Esa clínica, que en sus orígenes fue construida para atender a los trabajadores del campo, los talladores de ixtle que laboraban para las grandes compañías del Altiplano Potosino, hoy se ha convertido en un blanco de la inseguridad. El Seguro Ixtlero, símbolo de atención a los trabajadores rurales, es ahora reflejo del abandono y del terror que se vive en toda la región, donde las amenazas, los robos y los intentos de secuestro son cada vez más frecuentes.

El silencio de las autoridades es tan grave como el hecho mismo. Ni el IMSS ni la Secretaría de Seguridad Pública del Estado han ofrecido explicaciones claras ni garantías mínimas para proteger al personal médico. Mientras tanto, los pasillos del hospital se han ido quedando vacíos, las consultas se suspenden y los enfermos se resignan a ser atendidos sólo en casos de urgencia.

Muchos podrían decir que se trata de un caso aislado, pero recuerdo bien que la Universidad Autónoma de San Luis Potosí enfrenta un escenario similar; estudiantes de Medicina y prestadores de servicio social también han sido víctimas de la inseguridad. La institución ha tenido que retirar alumnos de ciertas localidades ante el riesgo de agresiones, robos y amenazas. Es una decisión dura, pero comprensible, no se puede seguir exponiendo a jóvenes que, en lugar de aprender a servir, terminan aprendiendo a sobrevivir.

Ambos casos, el del IMSS y el de la UASLP, dibujan un panorama desolador; el miedo está expulsando a quienes sostienen los servicios más esenciales del Estado, los médicos y los estudiantes.

La violencia no solo mata, también desmantela lentamente la confianza. Los doctores ya no confían en salir de guardia sin ser perseguidos. Los estudiantes ya no confían en el camino a sus comunidades de práctica. Y los pacientes, esos hombres y mujeres del campo que alguna vez llenaron las salas del Seguro Ixtlero, ya no confían en que alguien podrá atenderlos.

Urge que las autoridades de todos los niveles, federales, estatales y municipales, actúen con seriedad. No con comunicados tibios ni con rondines improvisados, sino con acciones concretas de protección y acompañamiento. San Luis Potosí no puede darse el lujo de perder a su personal médico ni de privar a sus comunidades del servicio social que requieren, sobre todo en cuestiones de salud.

Si no se atiende pronto, el miedo, como toda enfermedad no tratada, puede volverse terminal.

Cavilaciones:

Primera: Hoy viene a la Huasteca la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Es muy seguro que no le irá tan mal como le fue en otras entidades y eso es gracias a que el Gobierno del Estado supo actuar con eficacia para atender la situación y evitar tragedias mayores a causa de las lluvias. La presidenta debería ponerle una estrellota bien puesta en la frente al gobernador Gallardo ¡Miau!

Segunda: Los taxistas lo hicieron ayer otra vez. Colapsaron la vialidad en el Centro Histórico tan sólo con bloquear el puente Valladares. Se quejan del pirataje, de la competencia desleal del servicio por aplicación, pero lo cierto es que son ellos los que no cuidan a sus clientes y no prestan buen servicio. Los usuarios siempre eligen lo mejor. Este felino sospecha que traen un lío más grande ¡Grrrr!

Tercero: En Ciudad Fernández, la cosa está que arde. La gente está bien prendida porque la Policía Municipal anda dedicada a molestar a la ciudadanía y, para colmo, los que entregan los apoyos de la SEDESORE, se andan pasando de lanzas. A ver si Chayito Martínez se aplica a poner orden antes de que haya consecuencias que lamentar.

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