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El trauma psicológico de vivir una guerra

Por Estefanía López

Adultos y niños enfrentándose a pérdidas humanas, lugares arrasados, jóvenes civiles camino del frente, niños asustados, familias separadas, obligados a huir lejos de sus hogares y de su país de procedencia. 

Un conflicto bélico, bien es sabido, que genera un gran impacto a nivel social y económico, pero ¿qué impacto tiene a nivel psicológico? ¿cómo es el trauma psicológico de vivir una guerra? 

Ante un suceso como el que se vive Israel es esperable que se presente un estado de ansiedad reactiva en la población, en este caso no estaríamos hablando de un trastorno psicológico, si no dé una respuesta emocional y adaptativa, qué es acorde a la situación que la población rusa y ucraniana están viviendo. 

La ansiedad reactiva, sirve al ser humano, como una forma de preservar la supervivencia y prepararse para la situación actual.  En este caso la ansiedad será un aliado. Si esta situación se mantiene en el tiempo dará lugar a una gran herida emocional en los adultos y especialmente en los niños:  trastornos psicológicos o emocionales. 

Como un conflicto bélico afecta a nivel psicológico, es algo que lleva estudiándose décadas. En este tipo de estudios se ha observado que los trastornos psicológicos más comunes son: 

Como consecuencia a la exposición de forma directa o indirecta a una catástrofe y suceso aterrador de este tipo, las personas pueden presentar un trastorno por estrés agudo. Está generado por el daño que provoca la situación, como por ejemplo todos los ciudadanos que están huyendo de su país o bien personas que están fuera del país. 

Los trastornos disociativos también son comunes en este tipo de catástrofes. Disociarse es desconectarse a nivel emocional de lo que nos rodea o está aconteciendo. Es un mecanismo de protección que nuestro cerebro pone en marcha buscando, nuevamente, la supervivencia. A pesar de ser un mecanismo de protección, se cobra un peaje por ello.  

Al ser recuerdos, emociones y vivencias que nuestro cerebro ha bloqueado, la persona no procesará lo ocurrido, pero se quedan guardados con la misma intensidad emocional con la que se ha vivido. Estas vivencias, en un momento dado podrán volver a activarse y pueden volver a reexperimentarse. 

Hay cierto miedo, incertidumbre e inquietud: ¿este conflicto generará un conflicto mayor? ¿qué más consecuencias va a traer consigo? Son muchas las preguntas que nos rondan en la cabeza y qué su respuesta es difícil de saber y controlar. 

Es evidente, como la guerra nos afecta a todos a nivel emocional y a nuestro estado de ánimo. Ver imágenes de personas sufriendo, huyendo, fallecidas, hace que empaticemos con esas personas y nos genere cierto malestar. 

 

Estefanía López Paulín
Contacto: [email protected]
Número: 4881154435 

 

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