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El sueño americano: una ilusión para valientes

Por Victor García

¿Qué se hace cuando se siente que no ganas lo suficiente para crecer como persona? Está fue la pregunta que se realizó Jorge, un hombre de 33 años que decidió migrar hacia Estados Unidos a la corta de edad de 17 años. La desesperación de ver qué en México por más que realizaba sus mejores esfuerzos para tener una buena vida y la mala situación económica que vivía su familia lo llevaron a creer en la ilusión del sueño americano. Antes de llegar a la mayoría de edad, Jorge recibió la oportunidad de irse para el país de las barras y las estrellas, pero el camino no sería fácil pues tendría que aventurarse a caminar por más de cuatro días para cruzar la temible frontera.

La calidad de vida en México tiene una calificación de 8.2 en una escala del 0 al 10, esto de acuerdo a datos del Gobierno de México (quienes recolectaron Información de una muestra de 44 518 viviendas). Si bien suene alentador que los mexicanos señalen estar contentos con su vida, la calificación que se le da al desarrollo que se puede tener el país no quita que el 38.3 por ciento de la población tiene un trabajo donde gana menos del valor de la canasta básica (1,300 pesos).

Migración y el sueño americano.

El sueño americano es un término que se usa para referirse a la ideología de una superación y lograr un éxito, dicho pensamiento está acompañado de la creencia que solo se logrará un desarrollo personal al salir de su lugar de origen, es decir migrar. El historiador James Truslow Adams definió el sueño americano en 1931 de esta manera: «La vida debería ser mejor y más rica y llena para todas las personas, con una oportunidad para todo el mundo según su habilidad o su trabajo, independientemente de su clase social o las circunstancias de las que proviene”.

¿Qué es la migración? Se refiere a la población que cambio su lugar de residencia habitual, puede ser desde un municipio o delegación, entidad federativa o país de origen, por otro de destino. En la mayoría de casos lo que hace que una persona decida migrar está acompañada de un idea de superación economía, pero también existen casos donde se hace por inseguridad, por factores sociopolíticos e incluso problemas del medio ambiente. El último dato que dio a conocer la Organización Internacional del Trabajo de la ONU, destaca que los trabajadores migrantes (definidos como personas que migran con el fin de ser empleados) representaron aproximadamente 164 millones en todo el mundo en 2017, casi dos tercios de los migrantes internacionales. Casi el 70 por ciento se encontraron en países de altos ingresos, el 18,6 por ciento en países de ingresos medios altos, el 10,1 por ciento en países de ingresos medios bajos y el 3,4 por ciento en países de bajos ingresos.

El camino hacia el sueño americano.

La ilusión de viajar a un país con la esperanza de alcanzar una superación personal no es un camino fácil, existen personas que tiene la oportunidad de arreglar sus papeles y trabajar por temporadas con empresas que funcionan con disposición de las visas H-2B, la cual se refiere al acuerdo condicionado que permite a los empleadores contratar de manera temporal a ciudadanos extranjeros con el fin de desempeñar servicios o tareas no agrícolas por un lapso de tiempo limitado o en situaciones que ocurren una única vez. También existen las visas H- 2A las cuales son exclusivas para ofrecer trabajo para actividades agrícolas, es decir empleo en el campo.

Para aquellas personas que no tiene la oportunidad de arreglar una visa, existe el camino de migrar sin papeles y cruzar acompañado de un “coyote”. Sergio explica que decidió perseguir el sueño americano para ahora dinero y darle una mejor vida a su familia. Él relata que su aventura y sufrimiento comenzó cuando dejó a su esposa e hijo con la promesa de que a partir de esa despedida “vendrían cosas buenas”. Con lágrimas y un nudo en la garganta Sergio emprendió su camino con destino a Sonora, ahí encontraría a la persona que lo ayudaría a a cruzar la frontera.

Una vez que llegó al sitio indicado se reunió con el “coyote” y un grupo de 20 personas (incluyéndolo), quienes serían sus compañeros en el viaje. Sergio recuerda que la primera parada antes de comenzar su recorrido hacia Estados Unidos fue una pequeña tiendita, ahí se les explicó que compraran agua y atunes, ya que sería la única comida que es fácil transportar. Se les pidió que tirarán la ropa u objetos que no fueran necesarios, pues les esperaba un gran camino por delante. Antes de emprender su marcha se reunieron en un punto alrededor de 100 personas, esto para asignar grupos de 20 para turnar la forma en la que saldrían con destino al desierto.

Sergio explica que a él le “tocó por suerte ser el penúltimo grupo”, ya que los primeros en comenzar el camino fueron atrapados por la migración: “Solo recuerdo el ruido de gritos, el acelerar de camionetas y algunas personas corriendo con dirección a México terminando con su sueño de llegar a Estados Unidos”.

Cuatro días fue el tiempo en el que el señor Sergio tardo para llegar a Estados Unidos, el primer obstáculo en su camino fue una cerca eléctrica ubicada a pocos metros del territorio mexicano; el coyote que los acompañaba les explicó que esos alambres que miraban tenían electricidad, destacando que ellos tendrían que pasar por debajo de estos sin tocarlos. El guía sacó unas pinzas y cortó uno de los cables de alta tensión, les pido que se tirarán al piso y pasarán por debajo lo más pegados a la tierra para evitar accidentes. “Por fortuna todos pasamos bien, pero a unos metros pasamos por una casa que parecía habitada. Me llamo la atención aquella casa y la mire fijamente, fue ahí que me di cuenta que nos veían con binoculares, lo primero que hice fue avisarle al coyote ya que estaba seguro que nos echarían a la migración”.

Luego de que Sergio mirara que los vigilaban, pasaron unos minutos para escucharan a mi lejos el ruido de cuatrimotos, cuando se percataron que unos faros de acercaban corrieron a unos pequeños riachuelos secos. “Yo me escondí en una especie de cuevita, ahí mire lo más feo que me tocó ver durante el camino pues me tope con los restos de una mujer que abrazaba a su bebé ya fallecido”. A partir de ese momento a Sergio solo le tocó caminar, recuerda que fueron cuatro días los que duró en el desierto, detalla que por el día se escondían entre arbustos y huizaches para que no fueran vistos por migración y por las noches caminaban ya que era más fácil que no los detectarán además de que el calor era menor.

“El camino no fue el mejor, pero tampoco puedo decir que sufrí tanto, lo único que me dolía era que deje a mi familia”.

Seguiremos informando. 

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