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Domingo de Ramos; la bienvenida al reforzamiento de la fe

* Esta fecha marca el inicio de Semana Santa

Ha comenzado la Semana Santa. El Domingo de Ramos inaugura una tradición católica que persiste entre los mexicanos, los cuales demuestran su fervor al abrir sus corazones a las bendiciones que traerá consigo las liturgias eucarísticas que hablan de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. A pesar de que la población aún es propensa de contagiarse por el Covid-19, muchos creyentes no desaprovecharán la oportunidad de acudir a las iglesias para escuchar la misa y bendecir su ramito de palma o manzanilla.

En el Domingo de Ramos se conmemora la entrada triunfal que Jesús hizo en Jerusalén al lado de sus discípulos, que, en contraste con lo que sucederá después donde el Hijo de Dios irá a su suplicio, la feligresía irá por la esperanza de la resurrección ante el gran acto de amor que Jesucristo hizo por sus seguidores.

En palabras de fray Luis Fernando Téllez, supremo del Templo de la Virgen del Carmen de San Luis Potosí, los católicos deben de considerar «la obediencia al Padre de parte de nuestro Señor Jesús, ya que, aún sabiendo a lo que va, se adhiere, definitivamente con todas sus consecuencias, a la obediencia al Padre, dejándonos a nosotros un gran ejemplo de querer hacer bien las cosas».

Según el documento del Vaticano “Carta circular sobre la preparación y la celebración de las fiestas pascuales” (Carta de fiestas pascuales) de 1988, el Domingo de Ramos “comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión”. “La relación entre los dos aspectos del misterio pascual se han de evidenciar en la celebración en la catequesis del día”, agrega.

Según el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, “los fieles deben ser instruidos sobre el significado de esta celebración para que puedan captar su significado”.

“Debe recordarse oportunamente que lo importante es la participación en la procesión y no solo en la obtención de hojas de palma o de olivo”, que tampoco deben mantenerse “como amuletos, ni por razones terapéuticas o mágicas para disipar los malos espíritus o para evitar el daño que causan en los campos o en los hogares”, indica el texto.

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