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¡Date vuelta!

Por: Ramón Durón Ruíz (†)

octubre 7, 2020 por Redacción

En la extraordinaria página: www.renuevodeplenitud.com; diariamente nos alimentan con las más variadas y ricas historias, la siguiente es de Maxwell, J. C. (2001; 2003).

“Cierto día, un capitán de barco y su rudo jefe de ingenieros conversaban. Empezaron a discutir sobre quién era más importante de los dos para que el barco navegara. Como la discusión se tornó acalorada, el capitán decidió que por un día cambiaran de trabajo. El jefe de ingenieros estaría en el puente de mando y el capitán en la sala de máquinas. A sólo unas pocas horas de haber iniciado el experimento, el capitán salió de la sala de máquinas. Venía sudado, sus manos, cara y uniforme estaban llenos de grasa y aceite.

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Creo que tienes que venir a la sala de máquinas. No puedo hacer que los motores anden.

Por supuesto que no puedes, –dijo el jefe de ingenieros– acabo de encallar el barco.

Que tontería es, cuando comienzas a creer que eres el único y que el mundo depende sólo de ti. En la vida estas rodeado de personas y cada una tiene un papel vital que desarrollar. Necesitas aprender a respetar, amar y considerar a los demás, sabiendo que cada una de esas personas es experta en algo, cuando te unes, el barco de la vida no encalla y sigue su marcha. Dios ha dado dones y capacidades a cada una, pero siempre deja que Él sea el capitán del barco.”

Cuando eres capaz de entender: 1. Que tu vida está plena de potencialidades; 2. Que otros también gozan de disímiles capacidades y 3. Que hay un capitán que desde arriba los coordina, entonces sabrás que nadie es más ni menos, simplemente somos heterogéneos, porque cada uno tenemos encomendada una tarea diferente; cuando lo reconozcas y respetes crecerás espiritualmente.

Recuerda que tu vida tiene una trinidad, conformada por cuerpo, mente y espíritu, en la medida que las armonices te funcionará mejor, te ayudará a entender que la vida es una fiesta que hay que celebrar con la plenitud de los sentidos y simplemente se feliz.

Nunca olvides la transitoriedad de la vida, ocúpate de enriquecerla diariamente con el poder de la oración, del amor, de la esperanza, del perdón, de la actitud mental positiva, que te ayudarán a transformar tu ser en una inagotable fuente de bienestar, prosperidad y felicidad.

Cada mañana cree lo que eres, “eres la expresión de lo divino que ha bajado hasta lo humano”, entiende que el mundo gira a tu rededor, –cuando partas a rendir cuentas al hogar paterno dejará de girar– éste artículo, como muchas cosas más, están hechas especialmente para ti, es el momento de que tomes conciencia de la importancia de ser feliz y que goces de esa felicidad en el juego de la vida.

Hoy es el día en el que dejes partir tus miedos, penas, dolores, resentimientos y angustias, déjalos ir, es hora de que fluyas con el universo, de que no busques en el exterior el amor, la felicidad, la prosperidad o la abundancia de bienes, eres la fuente de tus miserias o éxitos; para que goces de la prosperidad primero debes enraizarla en tu interior, que es donde radica el poder de tu vida.

La felicidad depende de lo que pasa dentro de ti, del espíritu con el que enfrentas los problemas; es un estado de ánimo, una actitud mental, sólo serás feliz en la medida en la que decidas serlo, la felicidad no consiste en hacer siempre lo que quieres, sino en querer todo lo que haces; no tiene recetas, nace de tener la inteligencia de poner alma y corazón en tu vida, no es un puerto, sino una forma de navegar.

Lo anterior me recuerda la ocasión aquella en la que suben al elevador de la presidencia de Güémez un chaparrito y un enorme negro. El chaparrito derrochaba felicidad debido a la entrevista de trabajo a la que se presentaría, actitud que provocó al negro presentarse y con gran vozarrón amablemente dice:

–– Tengo 2.15 m. de estatura, 155 kilos de peso, pene de 33 cm., cubano… Dante Huerta.

Dicho todo eso le extiende la mano en actitud de saludo, el chaparrito instantáneamente se desploma desmayado. Asombrado, el negro lo toma entre sus brazos dándole algunas leves cachetadas para reanimarlo. Una vez que el chaparrito vuelve en sí, el negro le pregunta:

–– ¿Qué le pasó, chiquitico?

–– ¿Meee pueeede reeepetir lo que dijo? –pregunta en un hilo de voz, espantado, el chaparrito.

–– Claro chico, tengo 2.15 m de altura, 155 kilos de peso, pene de 33 cm., cubano,  Dante Huerta.

–– ¡¡UUUFFF!! qué alivio, había entendido… ¡¡¡¡DATE VUELTA!!!!

 

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