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Coup

Por Carlos Pérez García

abril 11, 2020 por Redacción

En tiempos de temor y encierro se entretiene uno durmiendo o pensando, comiendo o enflacando, orando o maldiciendo, leyendo o escribiendo… Eso sí, sin que nos den mejores ánimos, hoy dominan y distraen las noticias del virus y sus estragos, al igual que las del presidente y sus devastaciones.

Extraña, oigan, que un mandatario hable de golpistas y golpes de Estado, escenarios que no parecen nada probables, mientras otros deducen que el Ejecutivo le pueda dar la bienvenida (como anillo al dedo) a las graves complicaciones económicas y sanitarias para justificar actos autoritarios en “un cambio de régimen” con un estado de excepción. Al privilegiar la radicalización del modelo político y económico de su transformación, él mismo propiciaría eso que ya ha asomado en Venezuela: gobernar con el ejército a su lado y un disminuido sector empresarial.

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Recordemos que en el francés internacional se le llama Coup d’Etat, o sólo Coup (cú, en la pronunciación original), a la acción de poner término a algo mediante la fuerza en especial para conseguir o apuntalar una posición de poder. Esto suele referirse a un cambio de gobernante por la vía violenta, aunque también se habla de autogolpe de Estado cuando el líder que llegó al poder por medios legales o democráticos, disuelve o desconoce contrapesos con la idea de neutralizar sus funciones y asumirlas en medio de una mayor censura.

Me parece lamentable que la acumulación de errores e imprevisiones ante los problemas sanitarios y económicos, garantice una terrible crisis social y de seguridad que lleve a una crisis política de grandes riesgos y, claro, de oportunidades positivas o negativas.

En materia de salud el presidente se equivocó gravemente al inicio de la pandemia cuando recomendó que los ciudadanos hicieran lo contrario de lo que indicaban los especialistas, aunque luego corrigió y encargó a éstos que definieran las acciones a seguir sin los políticos, si bien ha favorecido continuar sus tres proyectos favoritos de energía e infraestructura y muestra interés en que se levanten pronto las medidas restrictivas.

Ha mejorado la información que dan los responsables, pero aún no se ha vencido del todo la desconfianza ante los datos de contagios o muertes por Covid-19. Y falta lo peor.

En lo económico el plan fue una verdadera decepción, no tanto para quienes él identifica como sus adversarios “conservadores y corruptos” sino para la planta productiva del país y los trabajadores. Insiste en que sus ideas son distintas a las aplicadas antes en México y a las de otros países ¡que hasta podrían copiarle!

En vez de apoyar a las empresas más vulnerables a través de diferimientos en pagos para que sobrevivan con sus plazas y trabajadores, rescata la vieja y popular consigna electoral de ‘Primero los Pobres’ a fin de mantener sus repartos de efectivo. Esta semana incluso retomó un tuit del Papa Francisco sobre la importancia de ayudar a los pobres y añadió “segundo, los pobres, y tercero los pobres”, con lo que deja fuera a las empresas de los medio ricos que crean empleos para los medio pobres.

Tal parece que, según nuestra historia y las películas del Indio Fernández, vamos a confirmar la antigua vocación de ser un país dado a la tragedia. Pero, ojo, esto no sería ‘destino divino’ y podríamos haberlo mitigado bastante.

En todo caso, no es aceptable que un gobierno se base en los dogmas y prejuicios personales de quienes lo encabezan. El líder exige y recibe de los suyos lealtad absoluta en aciertos y equivocaciones, pero resulta fatídico que a diversos niveles le digan con fe ciega algo como “estamos con usted; ya sea que actúe bien o mal, reciba nuestras bendiciones al ser el mejor presidente del mundo”. Es esta una buena fórmula para que se equivoque y sostenga sus costosos errores.

La mente de un líder tiende a ser corrupta o inmoral cuando sólo ve corrupción o inmoralidad en tantos casos e individuos que juzga y descalifica. Miren, todos serían “malos” (menos él y quienes le rinden pleitesía) por sus ideologías inaceptables o la mera intención de actuar con dolo; además, se ha confirmado el origen sicológico de distintos desvaríos, aunque mucho sea maña y manipulación.

Que insista con tantas mentiras le resta legitimidad, y estoy convencido de que la izquierda tonta y oportunista no es progresista sino reaccionaria (a la larga, el populismo y la anti-economía aumentan la pobreza). En fin, con o sin popularidad, resulta penoso cómo se puede empequeñecer un mandatario ante desafíos de enorme magnitud. Y a la sociedad le queda suplir ese liderazgo en alguna medida.

A nivel subliminal, en aquello que dijo de la grave crisis que cae “como anillo al dedo” a su proyecto de transformación parece ubicarse una quiebra generalizada de empresas (al destruir valor, con una pérdida masiva de capital) para expropiar o comprar barato en una siguiente fase, de lo cual puede surgir una especie de capitalismo de Estado (variante de China) con un líder providencial que salva a sus enemigos del empresariado aunque los culpe de todos los males.

De una u otra forma, creo yo, muchos sobreviviremos y cambiaremos. Bueno, ¡que terminen ustedes muy bien su Semana Santa!

* ESTOS DÍAS HE RECIBIDO fotos de mis calles en San Luis Potosí o la Ciudad de México, tan bellas, solitarias y limpias como en Italia, Inglaterra o España… Ya sean Iturbide y Carranza, o Madero en el centro histórico y Francisco Sosa en Coyoacán. Igual, por allá, la Plaza de San Marcos en Venecia, Oxford Street en Londres y el Paseo del Prado en Madrid.

Al ver Venecia sin turistas recordé mis lejanos años de estudiante. Llegué por primera vez a conocer esa maravilla en vacaciones de pleno invierno, y un 27 de diciembre me vi sentado solo en una silla plegadiza de la enorme Plaza, bajo el frío y la espesa neblina. Quise admirar la Catedral pero por la bruma sólo pude tocarla hasta donde me alcanzaba el brazo.

Después de un rato distinguí no muy lejos a una italiana también sentada, y me armé de valor para acercarme y preguntarle en español: ¿Está sola? Riéndose (de mí, creo, no conmigo) me contestó algo como “Sisieda” (siéntese, entendí). Dizque platicamos un poco y esos días disfruté de la ciudad con ella y su novio en cálidos lugares que sólo los locales frecuentan.

cpgeneral@gmail.com

@cpgarcieral

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