María Concepción Nava Verástegui, mejor conocida y cariñosamente llamada “Conchita Nava”, es una de esas figuras imprescindibles en la historia cultural y arquitectónica de Matehuala. Académica, experimentada y mujer profundamente culta, Conchita es considerada una verdadera “vaca sagrada” de la arquitectura, no por inalcanzable, sino por su enorme legado, conocimiento y compromiso con la ciudad.
A lo largo de su trayectoria, se ha distinguido como impulsora incansable de la preservación del patrimonio histórico. Fue directora del Museo del Virreinato y una de las principales promotoras de la construcción de las torres de la Catedral de Matehuala, una obra que hoy es símbolo y orgullo de la identidad local.
Su trabajo no se ha limitado a los planos y las piedras. Conchita Nava también ha sido una guardiana de la memoria histórica. Ella misma recuerda cómo, junto a varios matehualenses, formó el comité dedicado a Agustín Soberón Sagredo, basándose en los diarios personales de este personaje. “En los textos del diario puedes encontrar información de lo que aconteció en Matehuala en las fechas que vivió Agustín Soberón”, explica, subrayando el valor de estos documentos como testimonio vivo del pasado.
En esos escritos se narra, entre muchas cosas, la procesión del Señor de Matehuala y la intensidad de las celebraciones de la época. Conchita recuerda que antiguamente se llegaban a realizar hasta diez días de fiesta de toros, y que dentro de esas festividades se celebraba el Día de Reyes, pero siempre con un homenaje especial al Señor de Matehuala, eje espiritual y cultural de la comunidad.
Con la claridad que le dan los años y la experiencia, Conchita Nava sostiene que las sociedades deben evolucionar, pero sin perder su esencia. “La sociedad en su aspecto urbano tiene que cambiar”, señala, aunque puntualiza que el Centro Histórico debe conservarse, protegerse y respetarse como corazón de la identidad matehualense.
Ese amor por las raíces se refleja también en su impulso por rescatar tradiciones. “Tenemos que rescatar la procesión; este año será la tercera procesión, queremos que los matehualenses se identifiquen”, afirma con entusiasmo. Para ella, no se trata solo de mirar al pasado, sino de fortalecer el sentido de pertenencia y orgullo en las nuevas generaciones.
Conchita Nava es, en suma, memoria viva de Matehuala: una mujer que ha sabido unir arquitectura, historia y comunidad, recordándonos que una ciudad no solo se construye con concreto, sino con identidad, tradición y amor por su historia.