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Casualidad o causalidad

Por: Ramón Durón Ruíz (†)

septiembre 9, 2020 por Redacción

Este 11 de septiembre, se conmemora con profundo dolor, el 19 aniversario del mayor ataque terrorista que se haya perpetrado en suelo norteamericano. Aquel aterrador día de 2001 el mundo entero se cimbró, ese día “El mundo cambió”.

Ese martes por la mañana, 19 miembros de un comando terrorista de la red Al Qaeda, secuestraron 4 aviones de línea, de los cuales 2 fueron estrellados en las Torres Gemelas en Nueva York, el tercer avión fue utilizado para impactar en el Pentágono y el cuarto, los pasajeros lucharon contra los fanáticos secuestradores, estrellándose en tierra en Shanksville, Pennsylvania. Este ataque terrorista –sin precedente– fue el episodio que antecedería a la dramática guerra en Afganistán y a la llamada guerra contra el terrorismo.ste 11 de septiembre, se conmemora con profundo dolor, el 19 aniversario del mayor ataque terrorista que se haya perpetrado en suelo norteamericano. Aquel aterrador día de 2001 el mundo entero se cimbró, ese día “El mundo cambió”.

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Los atentados dejaron una estela de temor y dolor por los miles de desaparecidos, heridos y muertos; pero sobre todo, la profunda lección de vulnerabilidad de la otrora invencible seguridad interna de los Estados Unidos, que vino a transformar las endebles políticas de seguridad aérea en el mundo.

Tras la tragedia, aparecieron en Internet cientos de historias de sobrevivientes, algunas cautivadoras como:

Aquella persona que no llegó a tiempo a su trabajo, en las Torres Gemelas, porque su hijo ese día empezaba las clases en el Jardín de Infantes. Otro más se salvó porque sus compañeros lo enviaron a comprar donas. Otro, acostumbrado a ser impecablemente puntual, ese día “todo jugo en su contra”, llegando por ende tarde a su trabajo… y salvando la vida. O la historia del hombre cuyo auto se descompuso, por lo que decidió usar el transporte público, a la vez que caminar a su trabajo –como llevaba un par de zapatos nuevos, estos le hicieron ampolla– antes de entrar a las Torres, llegó a la farmacia para comprar una venda.

Se hablaba de hechos accidentales o casualidades, pero éstas –como el azar– no existen en tu vida, la gente del pueblo le llama “diosidencias”, otros “sincronías inexplicables” Paul Kammerer les llamaba «coincidencias seriales» otros más le llaman “resonancia”.

Cuantas veces tienes el presentimiento de que hay “algo” o “alguien de arriba que pone las cosas a tu favor” que está detrás de los acontecimientos o de esas cosas que suceden para cuidarte, protegerte o impulsarte al encuentro con algo espectacular. Más que casualidad el viejo Filósofo hablaría de causalidad.

Hay una frase del colectivo social que refleja el sentido de las  “Coincidencias”: “Hablando del rey de Roma y él que se asoma” o cuantas veces te ha ocurrido que estás pensando en alguien y este como por “arte de magia aparece.” O estás buscando un objeto perdido y emerge en el lugar y momento menos esperado.

En una entrevista que le hicieron a Fernando “Cochulito” Montiel, contaba que de niño pintaba un boxeador con una banda en la frente con la bandera de Japón, mismo al que le ceñían el cinturón de campeón; “casualmente” él, 16 años después, se corona campeón del Consejo Mundial de boxeo en Japón, al vencer por nocaut a Hozumi Hasegawa en el cuarto round… ¿Cree usted que esto es coincidencia?

Se pueden citar por cientos las supuestas “Casualidades” que en el diario acontecer suceden, como aquella: “Célebre y múltiple coincidencia, publicada por la revista Life en 1950, es la del coro del pueblo de Beatrice, en el estado norteamericano de Nebraska. El ensayo estaba convocado para el 1 de marzo a las 7:20 de la tarde, pero ese día sus quince componentes llegaron tarde por las más diversas razones. La familia del pastor se retrasó, a otro se le averió el coche, un chico tuvo que terminar los deberes del colegio, a una madre le costó despertar a su hija de la siesta, otro quedó absorto con un programa de radio. El retraso de todos ellos resultó un increíble golpe de suerte, porque un fallo de la caldera hizo que la iglesia estallara a las 7:25 de aquella tarde. Un matemático calculó que la probabilidad de que esta cadena de acontecimientos se debiese al azar, era sólo una contra un millón.”1

El hombre común y corriente niega la existencia de la casualidad, los hombres sabios que son los abuelos de Güémez dicen que eso que llamamos coincidencias, no es otra cosa que la amorosa conexión con Dios, o con algo superior, que viene de la armonía del hombre con el universo. Heráclito sentenció: “Si no esperas lo inesperado…  no lo reconocerás cuando llegue” y la vox populi dice:

“Si no es para ti, aunque te pongas; si es para ti… ¡AUNQUE TE QUITES!”

1http://www.radiestesiacongini.com.ar/casualidades.htm

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