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¡Basta de angustia y dolor!

El siguiente texto fue tomado de Marisa Flores:

Hoy fuí a cantar a una misa muy especial. Era la misa de Karlita, una de las mujeres asesinadas en estos días.

Yo iba preparándome para percibir mucho dolor, e iba decidida a bloquearme, pero en cuanto entré al recinto religioso y vi a mis 3 compañeras de coro al fondo que tenían la mirada llena de dolor (porque la víctima era cercana a ellas), sentí un movimiento brusco de vísceras y sentí que mi corazón se escondió en algún lugar recóndito de mi pecho; como si tuviera miedo de estar ahí.

Sentí el dolor, el coraje y la desesperación de una madre como yo, que también está orgullosa de su hija, porque es buena, responsable, porque no le hace daño a nadie. Sentí ese frío que se siente al darte cuenta que jamás volverás a oír la voz de mamá, el pánico que podrían sentir unos niños cuando alguien les explica que dos hombres malos, decidieron QUEMAR a su mamá. A la mujer más importante para ellos. La que no le hacía daño a nadie.

¿Cómo meterles en la cabeza que «Dios la llamó»?

¿Cómo explicarles que la maldad es ausencia de Amor, Dios, Alá, o como le quieras llamar -da lo mismo-, y que esa maldad encarnada en dos tipos, le arrebataron cruelmente la vida a su mamá? ¿Se ensañaron solamente «porque podían»?

El cura les dijo que aún así hay que perdonar a quienes quemaron y tiraron por ahí a karlita. No creo que sea la frase que la familia, y menos los hijos quieran o necesiten oír en estos momentos. El duelo es todo un proceso, y el último eslabón es la aceptación. Tal vez en ese momento no suenen tan bizarras esas frases. Los curas deberían saber tantita psicología para hablar de temas tan dolorosos con las familias de las víctimas de violencia.

Yo sólo canté. En momentos nomás podía mover la boca, porque me da por ponerme en los zapatos de todas esas madres desesperadas; Porque yo siento el mismo miedo que todas ellas cuando mi hija se despide de mí para irse a la Universidad; Porque siento que me ahogo cuando no llega a la hora que tiene qué llegar y por algo no oye el celular; Porque el alivio que siento cuando llega muy quitada de la pena, está lleno de gozo, pero también dolor. Todas las mujeres estamos dolidas. Todas queremos ver a nuestros hijos crecer sin miedo de un levantón, y vé tú a saber qué más. Tenemos derecho a la libertad de tránsito, a no pensar en gas pimienta o cosas así.

Como ciudadana, no entiendo cómo nuestros gobernantes pueden dar la cara, sabiendo que México está de duelo porque ellos no quieren hacer su trabajo. Porque no tienen los redaños para hacerlo.

Nadie confía en las autoridades, lo peor que te puede pasar, es que te pare una patrulla; de las que sean, municipal, federal, no importa. Es una pesadilla verlos llegar, a menos que tengas parientes o conocidos en la institución. El común de los mortales temblamos. Eso parece gustarles.

¿Qué esperan? ¡Qué esperas Javier Nava! ¡Qué esperas Juan Manuel Carreras! ¿A que maten a una hija tuya? ¿A tu mamá? A una prima? ¿No es más conveniente la empatía? ¿Qué espera ese fumado de AMLO para empezar a gobernar y dejarse de lecciones de moral o de decir que la gente de México es feliz?… Que sus datos dicen todo lo contrario a lo que los estudios sacan. ¡Yo no puedo ser feliz así!

¡Nadie puede ser tan egoísta!

¡Ya basta! ¡Exijo paz, exijo cero impunidad, exijo respeto al pueblo!
Por ti, Mitzi, por tí, Karlita y todas las mujeres que hemos sido cosificadas alguna vez. ¡Ya basta!

Marisa Flores Darán 22 de agosto 2019

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