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Anti-Economía

* Por: CARLOS J. PÉREZ GARCÍA

julio 13, 2019 por Redacción
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Válgame, exclamaban. Poco antes del mediodía empezaron a sonar los rechinidos de graves denuncias en la carta de renuncia del Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa. Su ya bien conocido pero aún no aclarado texto parecía corroborar el desorden, las incongruencias y los desaciertos de una supuesta transformación.

En un área gubernamental tan importante y tan delicada, un cambio abrupto siempre podrá causar alarma pero se buscó calmar las aguas con el nombramiento inmediato de un sustituto apropiado. El otrora subsecretario, Arturo Herrera, tiene la capacidad técnica necesaria aunque difícilmente contará con el oído y el apoyo del presidente para mantener finanzas sanas con proyectos bien seleccionados, ya que este relevo del Gabinete nos confirma un mandatario enfrascado en su autoritarismo y su analfabetismo económico.

Ha sido alarmante e incluso vergonzoso lo mencionado por el renunciante en su mensaje público, de tal manera que provocó críticas e insultos de aplaudidores morenistas como los ignorantes senadores Ricardo Monreal y Félix Salgado Macedonio. La justificación del presidente López Obrador se centró en que hubo desacuerdos entre él y Urzúa por el pensamiento “neoliberal” del economista.

Desde su triunfo electoral AMLO ha insistido en que, después de un supuesto período neoliberal de 36 años (1982-2018), su idea de transformación incluye cambiar el “modelo económico” que siguieron seis presidentes de dos partidos políticos: Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña. ¿Habrán sido todos ellos tan tontos y sordos?

Estos sexenios los ha considerado extremadamente negativos para el país, como si los anteriores que quiere reeditar ahora (1970-82 con Luis Echeverría y José López Portillo) hubieran sido ejemplares. Miren, en buena medida, todo esto es al revés ya que esos 12 años significaron un verdadero desastre económico con graves crisis asociadas a un populismo estatista y nacionalista.

De hecho, oigan, los años posteriores a esos desarreglos resultaron una reacción lógica e inevitable para tratar de enderezar las cosas después de los desequilibrios económicos asociados a finanzas deficitarias, endeudamiento excesivo e inflación al forzar el crecimiento económico por encima de las posibilidades reales. A partir de 1982 se volvió necesario sacrificar el desarrollo y privatizar entidades paraestatales a fin de sanear la degradada economía.

AMLO dejó el PRI hasta 1988, tras 6 años de ajuste neoliberal y 20 después de la masacre de Tlatelolco. En forma gradual se pudo recuperar cierto crecimiento, 2% anual en promedio, aun con recaídas posteriores y un ritmo insuficiente para el desarrollo que ha sido muy cuestionado. Pero, ojo, en el presente 2019 ya no se ve tan despreciable ante el pobre desempeño del actual gobierno.

Entre sus confusiones y simulaciones, cae más el bajo promedio de bateo de sus colaboradores y, aún peor, la posibilidad de que lo convenzan de algo diferente. El nuevo Secretario de Estado es más bien un empleado que no tiene la edad o la estatura, y se abren espacios al dogmatismo o la ignorancia.

No está tan claro qué es eso de neoliberalismo y “período neoliberal”, por lo que será útil desentrañar aquí de qué se tratan esos conceptos en el mundo real. Podemos así precisar unos diez puntos que caracterizarían la economía liberal o convencional, tanto en lo teórico como en México y casi todo el mundo (tal vez con las excepciones de Venezuela y Corea del Norte).

De manera muy simplificada, esos elementos vendrían a ser los siguientes: (1) Finanzas públicas equilibradas (control del gasto sin déficits excesivos); (2) Banco central autónomo (política monetaria responsable); (3) Libre comercio internacional (en México TLCAN y TMEC); (4) Endeudamiento prudente; (5) Impuestos moderados o que no desalienten la inversión; (6) Mercados razonablemente libres (sin controles o distorsiones de precios, salarios, intereses, tipos de cambio…); (7) Empresas públicas indispensables y eficientes; (8) Gasto social acotado a lo prioritario; (9) Sistema bancario y financiero que sea eficaz y apoye la inversión, y (10) Transparencia y control efectivo de la corrupción.

Bueno, ¿qué se sustituye o se agrega? Viene al caso destacar que los primeros 5 puntos (neo)liberales han sido continuados en la 4T, mientras que los otros 5 se aplican o rechazan según sus criterios o conveniencias, en forma similar al período anterior. Por su parte, los puntos 8 y 10 son los que en realidad pueden marcar ahora una diferencia ante deficiencias en los sexenios previos.

A su vez, el primer mandatario mexicano ha aportado sus definiciones políticas e ideológicas, en lugar de técnicas o económicas. Así, insiste en que ese período neoliberal se caracterizó en México por ser corrupto (un “saqueo rapaz” a cargo de conservadores o “neoporfiristas”), privatizador (desinversión del Estado), y de colusión entre lo público y lo privado. De forma similar y literal, asegura que en esos años sólo se produjo desigualdad, desatención social y bajo crecimiento económico.

En los primeros tres puntos nada acredita que en el período que llaman neoliberal se tuviera necesariamente más corrupción que en el populismo estatista anterior a 1982 (con Miguel de la Madrid o Ernesto Zedillo la corrupción fue menor que con Echeverría o López Portillo), o que en el también admirado modelo venezolano del irresponsable populismo chavista, en el cual igual se estatizó con pésimos resultados.

En fin, si el presidente entendiera mejor lo que es y puede ser el liberalismo económico en México y en el mundo, quizá podría plantear algo que lo superara o complementara. Sin embargo, su necedad resulta aún más grande que su evidente ignorancia. No sólo no sabe… tampoco quiere saber. Y esto no tiene remedio.

Son temas que nos confirman que esa pretendida “cuarta transformación en forma pacífica”, no será una transformación o —si la hubiera— difícilmente sería pacífica. Además de que hay resistencias de intereses creados, los equívocos y las burlas o los regaños presidenciales no ayudan nada para convencer a los agentes económicos o grupos sociales.

Me queda claro que va de por medio su gobierno y el futuro inmediato de nuestro país.

* DESDE LUEGO, HAY TODAVÍA mucho más de todo esto y habrá que seguir con ello.

cpgeneral@gmail.com

@cpgarcieral

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