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Alianzas para competir en 2021

Por: Ángel Castillo Torres

septiembre 8, 2020 por Redacción

Una decisión importante que los partidos políticos deben tomar en los próximos meses es definir si firmaran alianzas con otros institutos políticos o si van solos en las elecciones de 2021.

Por lo general las negociaciones para avanzar en la formación de una alianza deben llevarse a cabo con discreción, casi en secreto. Y no es que las alianzas sea un acto pecaminoso; la propia ley electoral las considera un derecho de los partidos. Pero los dogmáticos que militan en todos los  institutos políticos no ven con buenos ojos que pueda haber arreglos con quienes consideran sus adversarios. Muchos de estos celosos militantes desconfían de las alianzas por considerarlas una traición a los principios. Piensan que las alianzas desdibujan la identidad doctrinaria que los define. Pero las élites que controlan los partidos tienden a privilegiar el pragmatismo sobre el idealismo. El criterio que orienta su actuación es muy simple: de lo que se trata es de ganar, no solo de competir. Para los tomadores de decisiones las alianzas son pieza clave para aumentar las posibilidades de éxito, tanto en la disputa por la gubernatura como en las diputaciones y alcaldías.

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No hay que exprimirse los sesos para pronosticar que la lucha electoral del próximo año aquí en San Luis Potosí será entre bloques formados por distintos partidos políticos. Pero conseguir una alianza se convierte en un complicado reto para los dirigentes de los partidos políticos. Tienen que ponerse de acuerdo acerca de los mejores perfiles y escoger el método más funcional para la elección de los candidatos. Especialmente difícil es tomar la decisión acerca de quién debe ser el abanderado a la gubernatura. Cada partido cree tener al mejor gallo. No menos penoso es administrar el conflicto que puede ocasionar una alianza con apariencia de absurda. Los militantes de pura cepa y la opinión pública mastican como si fuera una piedra las alianzas raras.

Pero la política realmente existente (la realpolitik) se impone. No es descabellado que eventualmente PRI y MORENA pudieran entenderse y postular a un candidato a la gubernatura. Hay prospectos que embonarían bien en esta posibilidad. Juan Ramiro Robledo, por ejemplo. Es bien visto por los priistas y por la mayor parte de los morenos. Político capaz, con trayectoria y experiencia en el servicio público, muy cercano a los afectos del presidente López Obrador y al que Juan Manuel Carreras reconoce méritos y capacidad.

O bien, si el PRI negociara con el PAN, podría ocurrir que los dos aspirantes mejor posicionados en este momento, Xavier Nava y Octavio Pedroza,  consigan pasar la aduana. Parece un extravío pero la posibilidad existe.

Una razón de peso que da viabilidad a estos escenarios es que el PRI con todo y que muchos no le dan posibilidades de ganar con un candidato propio, sigue contando  poco más o menos con el 20% de los votos para ofrecerlos a un candidato de otro partido. Si se toma en cuenta que en la última elección de gobernador el vencedor ha conseguido el triunfo con menos de 5 puntos de diferencia respecto a su más cercano competidor, se puede valorar el rol de “partido bisagra” al que está involuntariamente predestinado en esta ocasión el PRI. Así que hay que dar seguimiento muy puntual a las negociaciones que ya han comenzado entre los dirigentes de los partidos políticos para dar nacimiento a las alianzas.

A propósito de Alianzas.

1.- Hace unos días (el 2 de septiembre) el dirigente estatal del PAN Juan Francisco Aguilar reconoció que las elecciones ya no se ganan solas, sino a través de alianzas partidistas. Reveló que ya tienen encuestas que aportan información sobre la viabilidad o no de ir en alianza con el PRI tanto a la gubernatura como en los municipios. Algo se está cocinando.

2-. En el mismo tema, ha trascendido que durante la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a San Luis Potosí, en el marco de la reunión de la CONAGO celebrada el pasado 19 de agosto, hubo una muy discreta reunión del primer mandatario con el magistrado Juan Ramiro Robledo. ¿De qué hablaron?

Desde luego no fue del clima o de las bellezas de la huasteca potosina. El tema principal, dicen los enterados, fue la sucesión gubernamental.

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