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¡Ah, raza!

Por Carlos Pérez García

agosto 28, 2021 por Redacción

Con un frío de aquéllos, mi compañero keniano de raza negra me preguntaba hace muchos años en la lengua que nos permitía comunicarnos: ¿En tu país hay matrimonios interraciales? Pero yo no le entendía la pregunta y sentí que tampoco mis demás amigos allí: un rubio costarricense y otro mexicano más moreno y bajito que yo. Creo que a la tercera comprendí que se refería a uniones entre diferentes razas, y le dije que eso no venía al caso porque en su gran mayoría se daban entre indígenas y europeos en algún grado, de tal manera que no había nada especial ahí… o, al menos así lo he visto yo.

Y sigo: Los mexicanos vamos de 100 o 90% de un lado a 90 o 100% del otro, con muchos en torno a 50/50. Los 100/0 indígenas o 0/100 caucásicos son extremos minoritarios, y sus rechazos tenderían a ser por problemas de educación y clasismo.

En lo posible evitemos hablar de malos o buenos, pobres o ricos, morenos o blancos … Si acaso tratemos de reducir la brecha entre educados y no educados, con lo que deberían disminuir “los nacos” (no pocos ricos y güeros). Seamos, pues, tolerantes y evadamos la demagogia y la polarización de odio.

Es esencial que, con nuestras variantes, somos en conjunto el resultado de la historia propia de una nación y sus culturas a lo largo de períodos y cambios. Lo de hoy, oigan, se deriva de 5 transformaciones que inician en la conquista y siguen en la Independencia, la Reforma, el Porfiriato y la Revolución, hasta el período actual en que se pretenden ajustes de fondo hacia el anterior nacionalismo revolucionario, o ya algo distinto en el marco de la globalización (casi todos los países). Ambas alternativas suponen una lucha contra la corrupción que tendría que ser muy eficaz.

Me sonaba bastante bien aquella idea de “Encuentro de dos mundos”, como fusión fructífera de dos civilizaciones. De ahí venimos y seguimos cambiando y madurando, incluso con la integración de otras migraciones.

Muchos nos sentimos mexicanos, tan españoles como indígenas, y así nos queremos mantener sin que traten de inculcarnos resentimientos ajenos o extremos obsesivos en cuanto a supuestas inferioridades o superioridades. A mí no me va a quitar el sueño lo racial a diferencia del señor de Palacio y sus cercanos.

Tampoco debemos olvidar aquellas palabras del gran escritor japonés Haruki Murakami: “Y una vez que la tormenta termine, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Aunque una cosa sí es segura, cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella”. Claro, demasiados mexicanos no sobrevivieron con gobiernos tan errados e irresponsables, y aun sin terminar la pesadilla de la pandemia y el mal gobierno tenemos presentes la vieja corrupción y la actual ineptitud.

Bueno, el adoctrinamiento nunca va a cambiar nuestra historia ni va a traer una nueva nación al gusto de fanáticos e iluminados. Seamos los mismos pero mejores a fin de reducir la enorme pobreza, incluso todos más experimentados y progresistas hacia el futuro.

* MIENTRAS, EL INE Y el Tribunal Electoral (TEPJF) se toman su tiempo para revisar y resolver los pendientes cruciales de 4 gubernaturas. En San Luis Potosí, el gobernador electo del Partido Verde y la 4T, Ricardo Gallardo hijo, trata de tomar decisiones, definir nombramientos, atender entrevistas y, en general, mostrar el mando y la confianza que corresponde a un mandatario. Entrón y audaz, se defiende bien aunque aún le falte aprender con cierta humildad y su actitud tan segura se antoje sobrada o artificial.

En sus declaraciones requiere burócratas que trabajen “24 horas los 7 días de la semana”, utiliza sus propios conceptos económicos, parece tener también “otros datos”, considera que en materia de seguridad y burocracia los gobernadores de los 30 o 40 años anteriores (Carreras; Toranzo; De los Santos; Silva; Sánchez…) “estuvieron mal”. Habría que ver qué hace distinto y hasta dónde llega, pero muestra ideas y destaca “el orden” como lo más importante para gobernar.

Prefiere, a su vez, no hablar de los procesos en curso ante los órganos electorales, sin darle su peso a la legitimidad de origen ni a la desafiante legalidad en esta tierra. Fíjense, el desistimiento del gobernador en una impugnación no disculpa ni respalda las amenazas del papá en la plaza pública.

Vienen aquí días cruciales y, ojo, lo mejor sería dejar de discutir tan pronto se defina lo que sea.

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