Durante décadas, se ha transmitido de generación en generación la advertencia de que leer con poca luz o durante la noche puede arruinar la visión para siempre, sin embargo, existe el debate entre la población respecto a si es un mito o una realidad.
En la actualidad, los expertos en oftalmología aclaran que, en su mayoría, es un mito esta percepción. Aunque forzar la vista en condiciones de baja luminosidad puede causar fatiga ocular, dolor de cabeza y sequedad, no existe evidencia científica que demuestre que esta práctica provoque daños estructurales permanentes o enfermedades oculares crónicas en adultos.
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El verdadero problema moderno no es la falta de luz, sino la exposición prolongada a las pantallas y la luz azul de los dispositivos electrónicos antes de dormir. Al leer en tabletas o celulares, parpadeamos con menos frecuencia, lo que genera irritación y visión borrosa temporal.
Además, el esfuerzo constante de enfoque a corta distancia en un entorno oscuro puede exacerbar la miopía en niños y adolescentes, cuyo sistema visual aún está en desarrollo, pero en la edad adulta, el efecto suele limitarse a un malestar pasajero que desaparece con el descanso.

Para disfrutar de una lectura nocturna saludable, los especialistas recomiendan mantener una iluminación adecuada que recaiga directamente sobre las páginas y aplicar la regla del «20-20-20»: cada 20 minutos, descansar la vista mirando a unos 6 metros de distancia durante 20 segundos.