El marcaje de territorio es un comportamiento instintivo y natural que funciona como una compleja red de comunicación entre los caninos. A través de la orina, tanto perros salvajes como domésticos transmiten mensajes olfativos para proteger su zona de seguridad o atraer parejas.
En los machos, esta conducta suele despertar entre los 8 y 9 meses de edad debido al incremento de niveles hormonales, manifestándose con la clásica postura de la pata levantada; un gesto que, mientras más alto se realice, proyecta una mayor señal de dominancia ante otros ejemplares.

A diferencia del marcaje olfativo, algunos perros también recurren a señales visuales, como rascar el suelo tras orinar para delimitar su espacio. Aunque para los dueños puede resultar un problema que el animal elija muebles o rincones específicos de la casa por costumbre, es importante entender que el perro está siguiendo su naturaleza para reconocer el hogar como suyo.
Por ello, las hembras y los cachorros, aunque no levanten la pata para marcar, también participan en esta dinámica de apropiación del espacio que puede persistir durante meses si no se gestiona adecuadamente.

Para mantener una convivencia armoniosa sin bloquear el instinto del animal, los expertos recomiendan establecer límites claros mediante el adiestramiento. Limpiar profundamente las zonas marcadas para eliminar el rastro olfativo, identificar los objetos de conflicto y premiar al perro cuando realice sus necesidades en el exterior son pasos fundamentales.
Al actuar como líderes y dirigir esta conducta hacia lugares adecuados, como el jardín o la calle, los propietarios logran que su mascota se sienta segura sin comprometer la limpieza y el orden del hogar.