Columnas

La contradicción emocional de la inteligencia artificial

Por Estefanía López

En una época marcada por la inmediatez digital, la inteligencia artificial ha comenzado a ocupar un lugar cada vez más íntimo en la vida de las personas. Más allá de su uso en tareas técnicas o administrativas, la IA ha sido adoptada por muchos como un recurso emocional: un confidente silencioso, un «amigo» siempre disponible y libre de juicios. Sin embargo, esta aparente solución a la soledad contemporánea encierra riesgos profundos que merecen atención.

Uno de los efectos más preocupantes del uso constante de la IA como apoyo emocional es la sustitución paulatina del contacto humano. Las conversaciones con modelos de lenguaje avanzados pueden parecer empáticas y personalizadas, pero carecen de la experiencia vivencial, la reciprocidad emocional y la vulnerabilidad que definen las relaciones humanas auténticas. Cuando las personas comienzan a preferir estos vínculos artificiales por encima de las interacciones reales, se debilitan las habilidades sociales esenciales como la empatía, la escucha activa y la gestión del conflicto.

Dependencia Emocional

Además, la dependencia emocional de una IA puede fomentar una percepción distorsionada de la realidad interpersonal. A diferencia de los seres humanos, los sistemas de IA están diseñados para ser agradables, comprensivos y accesibles en todo momento. Esta interacción unilateral y controlada puede llevar a idealizar un tipo de relación que, en el mundo real, simplemente no existe. El resultado es una menor tolerancia a la frustración y al desacuerdo, así como una desconexión de las complejidades emocionales que surgen en el trato con otras personas.

Por otro lado, existen implicaciones éticas y psicológicas preocupantes. Los datos compartidos en contextos íntimos con una IA no siempre están protegidos adecuadamente, lo que plantea riesgos de privacidad. Además, el uso prolongado de la IA como sostén emocional puede reforzar patrones de aislamiento, especialmente entre personas vulnerables que ya enfrentan problemas de salud mental. En lugar de buscar ayuda profesional o apoyo social, podrían recurrir a una solución que, aunque reconfortante en el corto plazo, no aborda sus necesidades profundas.

Nuevas Generaciones

El impacto es especialmente crítico en las generaciones más jóvenes, que están desarrollando sus habilidades relacionales en un mundo cada vez más mediado por la tecnología. Si el modelo emocional al que acceden es una entidad que responde de forma perfecta, predecible y sin costo emocional, ¿cómo aprenderán a lidiar con la imperfección, la incomodidad o el dolor que inevitablemente conlleva toda relación humana real?

La IA puede ser una herramienta valiosa en muchos aspectos, incluso como complemento en la atención psicológica o en momentos de crisis. Sin embargo, cuando se convierte en el principal refugio emocional, desplaza aquello que nos hace humanos: la capacidad de conectar, de compartir nuestras incertidumbres con otros y de construir vínculos basados en la reciprocidad y la experiencia común.

Frente a la comodidad de lo artificial, es urgente recuperar el valor del encuentro humano. La tecnología debe estar al servicio del bienestar, no sustituir los lazos que nos sostienen emocionalmente.

Estefanía López Paulín
Contacto: psc.estefanialopez@outlook.com
Número: 4881154435

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