* Acudió junto a los militantes potosinos a la asamblea nacional realizada en Ciudad de México

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Juan Manuel Carreras López, en su calidad de primer priista de San Luis Potosí, dijo presente en la XXII Asamblea Nacional del PRI, donde se aprobaron dos cosas fundamentales: una, el tricolor se abre “a los ciudadanos”, y dos, se impone un candado para que los diputados y senadores pluris no puedan saltar de un cargo a otro con esa misma categoría. En el futuro un pluri que quiera seguir calentando curules, tendrá que ir por el voto.

Carreras, vestido de rojo, con el logo del PRI bordado muy cerca del pecho, encabezó la delegación potosina que asistió a la “muy planchada” asamblea nacional, realizada en el Palacio de los Deportes. Muy cerca de él, nuevos valores de la política potosina como Felipe Aurelio Torres Zúñiga, líder de los jueces, hicieron acto de presencia. Un Enrique Galindo Ceballos saludando, como en aquellos tiempos lo hacía la Señorita México. Las diputadas Martha Orta y Esther Angélica Martínez también estuvieron presentes en el mar de priistas, entre los que también se pudo ver al diputado Cristian Sánchez, al alcalde de Valles, Jorge Terán, al líder del Comité Estatal, Martín Juárez y a gente de gran prestigio como Yolanda Eugenia González Hernández.

Delia Guerrero, la mujer más suertuda del PRI, también estuvo ahí, ella quiere ser Senadora de la República, dos diputaciones pluri y una local le dan el derecho a aspirar. Bonifacio Argüelles, ex alcalde huasteco de Axtla de Terrazas, sin ambiciones obsesivas, fue a votar por las reformas a los estatutos, igual que Miguel Martínez Castro y Fabiola Guerrero, la diputada federal por Rioverde, una de las que votó por el gasolinazo, y no podía faltar su esposo, Alejandro García, que quiere regresar a mandar en la tierra de las naranjas o bien ser diputado local.

El profe Rodolfo Loera, un priista de convicción, de trabajo, de tierra, formó parte de la delegación potosina en la que incluyeron a Edmundo Torrescano, secretario privadísimo del gobernador Carreras.

Antonia Galaviz, la diputada Rebeca Terán, también aspirante al Senado, y Rosa María Huerta, la reina del toranzato, siguen gozando del privilegio de mandar igual que Aurelio Gancedo y la siempre tesonera Sara Rocha Medina.

El senador Teófilo Torres Corzo y el asesor de José Antonio Meade, el destinatario de las reformas del PRI, José Ramón Martel, no se aparecieron. Pero hubo tres caras nuevas: Iram Dávila, Cuauhtémoc Flores y Pilar Zárate Delgadillo. No pudo faltar el gran fósil, Roberto González Rubio, eterno beneficiario de la nómina priista que seguro va a cobrar horas extras, Pepe Grimaldo y Pepe Jonguitud, este último protegido de la diputada Martha Orta, y querido por todos.

Los grandes ausentes, según los presentes, fueron las huestes de Pablo Valladares, el primer aspirante a Senador, sus principales operadores: Fernando Chávez Méndez y Gerardo “el raterillo” Serrano, no fueron convidados o no llegaron, andaba en una fiesta bolseando a amigos.

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