* Por Ana Paola Rivas

los-acechantes-y-perturbadores-espiritus-del-puente-de-pedroza

Hace poco, un viernes al atardecer me pareció bien ir a caminar al jardín de Tequis y ya habiendo terminado con mi ejercicio y al sentirme cansada, decidí sentarme un rato en una de las bancas que dan de frente hacia la Iglesia cuando en eso se sentó junto a mí una enfermera quien llevaba en una silla de ruedas a una dama de edad avanzada.
Estando yo a su lado, me era fácil escuchar su conversación y así en unos minutos ya era yo parte de la misma ya que Doña Carmela, quien así se llama la señorita quien dijo haber cumplido hace poco sus 80 años, también se dirigía a mi muy amablemente.
Estaba recordando su niñez cuando de pronto su garganta se hizo nudo y sus profundos ojos color marrón se le razaron; su enfermera y yo nos miramos por unos instantes mientras ella limpiaba con un pañuelo las lágrimas de la refinada ancianita quien nos dijo no poder olvidar el suceso más trágico que sin duda había vivido durante toda su existencia.
Comenzó a platicarnos que durante su niñez ella y su familia vivían muy retirados de nuestra ciudad pero a la vez cerca del barrio de Tequisquiapán, ya que vivían en una quinta antigua que estaba en una muy amplia y tupida huerta que colindaba a orillas del Río Santiago.
También nos comentó que su abuelo paterno mandó construir un puente alto y empedrado que con el tiempo se le llamó el puente de Pedroza el cuál nos dijo fue construído aproximadamente en el año de 1901 para regar las múltiples huertas que su abuelo poseía en ambos lados del conocido Río Santiago.
Nos dijo que cuando ella nació ya tenía años de haber sido construído el ya mencionado puente en el que por la parte superior y con mucha precaución podía un adulto caminar sobre las inestables tablas que en su momento se usaron en la orilla del canal pero que era bien sabido mejor no pasar por ahí para evitar un fatal accidente dado a que el mismo fué especialmente planeado para que llevara sólo el vital líquido.
Las tardes en aquella época transcurrían tranquilas y Doña Carmela junto con su hermanito menor y alguno que otro primo ó prima salían a jugar a las grandes y muy frondosas huertas y terrenos hasta que en un anochecer del mes de Noviembre los sorprendió una fuerte tormenta y despavoridos corrieron todos hacia sus casas ya que un rayo cayó en una de las huertas de la quinta ocasionando temor entre las asustadas madres quienes veían llegar a sus hijos empapados y atemorizados pero no fué así para la madre de Doña Carmela ya que sólo llegó ella pero no su hermanito quien se quedó perdido y sólo en aquel desolador y muy oscuro paraje.
Su mamá, al ver que faltaba el pequeñito corrió rápidamente para buscarlo pero nunca se percató que su hija mayor, quien es la señorita que nos narra esta historia, también corrió tras de ella no importando la torrencial tormenta y los fuertes truenos que atemorizaban a cualquiera.
La angustiada madre de familia gritaba y gritaba el nombre del niño sin encontrarlo hasta que justo al llegar a la ya nombrada fonja lo vió colgando a más de la mitad de la misma mientras cada vez sus débiles manitas resistían menos al estar agarrado del resbaloso empedrado de este puente y al ver la madre que su hijito casi caía a las caudalosas y frías aguas del Río Santiago subió tan rápido como pudo pero lamentablemente tropezó y cayó sin poder ayudar al pequeñito quien al ver lo sucedido acabó por soltar sus lastimados y sangrantes deditos para encontrar una lenta y horrorosa muerte no sin antes gritar, “mamita, mamita aquí estoy, no me dejes” pero ya su mamita no se podía mover y sólo se lamentaba y gritaba pidiendo ayuda a los cuatro vientos escuchando los hostiles y desesperados llantos del desafortunado niño.
Doña Esperanza al ver lo ocurrido, regresó corriendo hacia su casa para pedir ayuda a su padre que afortunadamente ya había llegado del trabajo y quien al escuchar de viva voz lo acontecido acompañó de inmediato a su hija para al fin llegar y darse cuenta que el cuerpo inherte de su esposa ya fallecida yacía sobre el empapado y resbaloso empedrado de la fonja mientras que el cuerpecito del niño ya no se veía entre la inmensa oscuridad de aquella escalofriante noche en la que les fue imposible localizarlo.
A la mañana siguiente, se encontró el pequeño cuerpo del niño ya sin vida atorado entre varios arbustos a la orilla del río, de ese mismo río que ha sido testigo de tantas muertes como el del hermanito de la amable señorita quien en ese momento se despidió de mí pidiéndole amablemente a su enfermera que la llevara ya de regreso a una reconocida casa para personas de edad avanzada situada muy cerca del jardín de Tequisquiapán en donde vive tan triste recordando ese terrible suceso que marcó su vida la cuál un tiempo la dedicó a cuidar a su padre hasta que éste también murió dejándola con grandes propiedades pero a la vez completamente sola ya que se encerró en su dolor y al pasar del tiempo y por esa gran pena que lleva consigo no le fué posible contraer matrimonio.
Cabe mencionar que minutos antes de irse nos contó que su padre mandó colocar dos pesadas cruces de hierro forjado en memoria de su esposa e hijo y que ambas estuvieron muy cerca del lugar en cuestión pero que con las obras de infraestructura allá por los años ochenta, ambas cruces desaparecieron de un día para el otro pero aún las recuerda con las flores que ella y alguna que otra vecina del lugar llevaban con gran respeto.
Y así poco a poco ví partir a ambas damas quienes se fueron hacia el lado Norte del jardín de Tequis y a quienes ya no he tenido la fortuna de volver a ver por ese jardín.
Se dice por ahí que el espectro de la desventurada madre ha sido visto asomado desde lo alto de la fonja de Pedroza emitiendo esos espantosos lamentos que muchos han llegado a oir y otros tantos han sido víctimas del ánima en pena del niño que según testigos se atraviesa de manera violenta a los carros que transitan por el macabro Río Santiago en las madrugadas.
Y usted, mi estimado lector…
Ha atravesado caminando la fonja de Pedroza a media noche??
Ha escuchado los horribles lamentos del espectro de la desesperada madre??
Le gustaría a usted rezar una oración al pasar por el lúgubre escenario??
Llegó usted a ver las dos gruesas cruces de hierro forjado que estuvieron por tantos años muy cerca de esa fonja??