* Por Ana Paola Rivas

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Misteriosas y aterradoras vivencias las ocurridas en una majestuosa casona que lamentablemente hoy ya no existe sobre la Av. Carranza y que como muchas otras han corrido con el mismo infortunio.
Tal casona estuvo en donde hoy en día es un edificio de varios pisos en la ya mencionada avenida y la calle de Benigno Arriaga. Aún hay quienes dicen recordar su inexplicable demolición allá por el año de 1972 para en seguida construir el actual inmueble.
Una conocida de mi bisabuela fue por muchos años el ama de llaves de esa señorial casona por muchos años y siempre comentó que todos los años en el mes de Julio se quedaban solos ella y tres sirvientes más pues la familia viajaba por casi un mes a varias de las grandes haciendas de su propiedad para pasar unos días al lado de la naturaleza y así descansar.
Al llegar los viernes por la tarde,
la señorita Eufemia se encargaba de pagarles su semana a cada uno de los sirvientes para que éstos se fueran a sus casas regresando los lunes a primera hora.
Eufemia sufría al saber que el mes de Julio estaba cerca ya que justo en ese mes y durante los fines de semana al estar ella sola escuchaba los aterradores e incesantes ruidos que año con año se repetían.
Al caer la noche, veía a un pequeño niño con una boina, tirantes y pantalones cortos que corría en el amplio jardín delantero de la casona y quien poco a poco subía jugando por los peldaños de cantera hasta llegar a la puerta principal para traspasarla en un instante.
La mujer nerviosa se escondía detrás de un antiguo piano que estaba en el recibidor del lugar mientras veía el demacrado y anguloso rostro del infante que llorando de una manera muy lastimosa se le acercaba para encontrar un poco de afecto para después desaparecer emitiendo los peores quejidos mientras se desataba un intenso viento helado por toda la mansión, tan helado que no parecía ser de este mundo.
Y así cada mes de Julio al irse la familia sucedía lo mismo.
En una ocasión la señorita Eufemia estaba aparentemente ella sola viendo por la ventana de uno de las recamaras de la primera planta, admiraba la quietud de la Avenida Diez Gutiérrez (hoy Carranza) cuándo sintió como unas frías manitas la abrazaron para salir corriendo y riendo mientras se perdía en la gruesa pared de la amplia y tenebrosa alcoba.
Cada mes de Julio el ama de llaves se enfermaba considerablemente ya que este pequeño espectro se alimentaba de toda su energía hasta acabar con su vida justo al tercer año pues jamás pudo recuperarse y murió.
El tiempo pasó y la familia siguió retirándose a gozar de sus numerosas fincas rurales cada año en el mes de Julio.
La gente supo de lo ahí acontecido y algunas personas gustaban de caminar ya bien entrada la noche por fuera de la aún recordada casona para tener la suerte de poder ver tras el amplio cristal de la misteriosa alcoba a la señorita Eufemia cargando entre sus brazos a aquel pequeñito que por fin pudo llevarse a quien tal vez pensó pudo ser su madre.
Comentaban por ahí que la ama de llaves traía consigo una vela encendida la cuál colocaba en un buró de la alcoba para cargar y calmar al fantasmal niño e inmediatamente mirar a los curiosos desde la gran ventana.
Dicen los testigos que el infante al verlos les sonreía macabramente sin dejar de observarlos hasta que se perdían en el lejano y muy poco poblado horizonte.
Al ser demolida la enorme mansión se rumoró que se habían encontrado a un niño emparedado en una de los gruesos muros de las habitaciones del primer piso al ser ésta misma en ese momento propiedad de una familia Hernández que con el tiempo vendió la misteriosa casona a otra familia.
Tal vez si la segunda familia hubiese sabido lo que existía en esa gruesa pared jamás hubiera
comprado la propiedad.
A la fecha me han dicho que en los varios pisos del edificio espantan a diestra y siniestra, mueven las cosas de lugar, apagan las computadoras, etc…
Otros me han dicho que al salir ya noche de la oficina han visto a una mujer vestida como de otro tiempo que camina detrás de ellos estando en el estacionamiento hasta llegar a los carros y a lo lejos oyen que corre un niño.
Pero lo más tétrico es que varios han llegado a escuchar los fuertes sollozos del niño y la voz adulta de la mujer que le recuerda que ya no está solo en las oscuras noches del mes de Julio.
Y es increíble como sólo en este mes se llegan a escuchar y ver ambos espíritus, sólo en este inolvidable mes de Julio.
Y usted, mi estimado lector…
Conoce a alguien que trabaje en ese edificio??
Se animaría usted a llevar con todo respeto una veladora y rezar unos minutos??
Qué sucedería con ese niño cuando la mansión perteneció a sus primeros dueños??