* Sé que desde el minuto 1 estabas destinado a ser esa persona a la que iba a perder para siempre…

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Se dice que a lo largo de nuestra vida llegamos a tener dos grandes amores: uno es con el que te casas o vives para toda la vida, este puede ser el padre o madre de tus hijos.

El segundo amor, es aquel que se quedo inconcluso, que se intento y que fallo, pero a pesar de todo lo bueno y lo malo que pudieron haber vivido el amor sigue ahí como guardado en una cajita y cada vez que la abres ves que el amor se encuentra ahí como  parte  de su vida.

 Llegaste a mí sin apenas proponértelo, me tocaste y ya nada volvió a ser igual. Recuerdo que durante aquellos días la vida era otra cosa, los colores eran más intensos y los olores más vivos.

No sé, creo que hay amores que lo ponen todo del revés, y tú tienes el título del más desordenado. El caso es que yo nunca quise volver a darle la vuelta a mi mundo ni ponerlo todo en orden, pero se ve que la inercia y la rutina a todo te hacen acostumbrarte.

No sé si a ti y a mí nos unió el hilo rojo del destino o todo tiene que ver con el azar, lo que sé es que de todas las personas del mundo fuimos tú y yo en aquel lugar. Eso me hace creer en que el culpable fue un señor con sombrero que unió nuestro corazón con un cordón invisible en una noche de luna llena.

Hemos llegado hasta aquí porque nos lo hemos merecido. Porque hemos sido hábiles, porque nos amamos en conjunto y por separado. El desenfreno, el romanticismo y el compromiso dieron paso a dos almas a acompañarse por siempre.

Hemos creado verdaderos campos de batalla, hemos llegado al fin del mundo juntos pero también nos hemos abandonado, hemos vuelto pero también hemos ahogado las mariposas que nos hacían vibrar.

Y es que si algo nos ha quedado claro es que en el amor hay de todo, pero sobre todo, pasiones, enredos y perdón. Porque la pareja perfecta no tiene porqué ser aquella que siempre permanece unida, sino aquella que se siente como ideal.